Punto y seguido

Turquía: ¿Fin de la “Neutralidad Activa" entre Rusia y la OTAN?

Erdogan y Putin en un encuentro en 2021.- Kremlin / dpa

En la serie turca "El Magnifico siglo" (2011), una apología ultranacionalista del Imperio Otomano ambientada en la era del Solimán el Magnífico (s. XVI), aparece Roxelana, de 13 años, una esclava rusa, capturada como botín de guerra. En el mercado de Constantinopla fue comprada por un amigo de Solimán y enviada su harén-prisión de regalo. Le llamaron Hürrem, "Alegría", por su desbordante fuerza y talento. Llegó a enamorar al rey, quien le hará "libre" convirtiéndola en reina, como sucedió con la Sherezade persa. De alguna manera, el personaje transmitía las bondades de una alianza entre Turquía y Rusia: tanto la opinión pública de la nación como un sector de la élite turca prefieren "casarse" con el vecino eslavo que con los cowboys del lejano occidente, aunque los actuales acontecimientos pueden terminar en un matrimonio forzoso con los forasteros americanos.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la política exterior de Turquía -país situado entre "Este" y "Oeste"- ha estado basada en el equilibrio, el pragmatismo y la habilidad en combinar la disuasión con el diálogo como mecanismos para resolver las complejas ecuaciones que surgen en esta región de Eurasia.

La guerra entre Rusia y Ucrania-OTAN (de allí la participación del EEUU, Reino Unido o España) está sacudiendo a Turquía en esta tercera fase de la reconfiguración del mapa del mundo, iniciada con el fin de la Unión Soviética. Las otras dos tuvieron lugar en la Primera y Segunda Guerra Mundial. El surgimiento de estados que cuestionan la supremacía unilateral de un EEUU agotado -y Rusia y Turquía son dos de ellos- está alargando el fin de esta fase de guerras "mundiales" cuya característica ha sido ser libradas en el suelo de terceros, y en diferentes regiones.

Ucrania, más que un mercado

Gloria a Ucrania!", con esta expresión del nacionalismo ucraniano militar, el presidente de Turquía Tayyeb Erdogan saludó a la guardia de honor en su llegada a Kiev el 3 de febrero, mostrando el apoyo de Ankara al gobierno de Volodímir Zelenski: este enviaba un mensaje de advertencia al Kremlin y otro, de solicitud de amistad, al gobierno de Joe Biden. Como regalo, le entregó una ayuda militar de 36 millones de dólares, para luego firmar el incremento del comercio bilateral de 7.000 millones de dólares a 10.000 millones de dólares.

Entre las consecuencias del montaje del Euromaydan en 2014 estuvo el acercamiento militar y económico de Turquía a una Ucrania ya enemiga de Rusia. Desde entonces, Turquía:

- Invierte en la industria militar ucraniana, y también le vende armas, entre ellas una serie de aviones ofensivos no tripulados Bayraktar TB2, ganando 69 millones de dólares mientras se salta las sanciones de EEUU impuestas sobre el Ministerio de Defensa turco. La emisión de un video por Ucrania en el que mostraba el poderío de esos drones al atacar a las fuerzas rusas en Ucrania incomodó bastante al gobierno de Erdogan: ¿Pretendía Kiev arrastrarle al conflicto? El líder del Partido Patriótico turco, Dogu Perincek, había advertido de que el suministro de estos artefactos a Ucrania traerían "consecuencias negativas" para su país.

- Exporta a su mercado aparatos eléctricos baratos, y le compra trigo para vender al mundo productos de harina.

- Alrededor de 700 empresas turcas trabajaban en Ucrania, en el negocio del ladrillo, obras de infraestructura, energías renovables, etc., que emplean a miles de personas.

El ataque de Rusia a Ucrania, que ha sido calificado por Erdogan de "inaceptable" y "contrario al derecho internacional", no le impide reconocer las preocupaciones de seguridad de su vecino ruso: negar que hay un mundo multilateral no resucita al viejo orden hecho jirones.

Rusia, más que un temible vecino

Turquía se encuentra en medio de una profunda crisis económica y financiera, que ha hundido la poca popularidad que le quedaba al nacional-islamista Tayyeb Erdogan: la lira ha perdido un 40% de su valor desde 2021, y un 5% desde la guerra. Las protestas sociales aumentan a un año de las elecciones presidenciales. Lo que, por un lado, ha obligado a Ankara a mejorar sus relaciones con los jeques árabes e Israel, con el fin de atraer inversiones, y, por otro, le impide aplicar las sanciones diseñadas por Occidente a Rusia por el ataque a Ucrania, pues:

- Rusia es principal proveedor de energía de Turquía. Desde el gasoducto TurkStream, de 900 kilómetros y uno de los proyectos energéticos más vitales para Europa, Ankara exporta el gas recibido a Bulgaria, Serbia y Hungría.

- Los turistas rusos, unos 4,7 millones el año pasado, suponen el 25% de los visitantes del país, que también recibió a 2 millones de ucranianos. El sector esperaba obtener 35.000 millones en ingresos, frente a los 24.5 mil millones del año pasado. Ahora reza para que la guerra termine antes del verano.

- El 90% de los 10 millones de toneladas de trigo que Turquía importa al año le llegan de Rusia y Ucrania, que también representaron la mitad de los contratos que Turquía ejecutaba en extranjero: 29.3 mil millones de dólares en 2021.

- Rusia está construyendo una planta de energía nuclear en Akkuyu.

- En Siria, ambas potencias vigilan la frágil paz establecida, y en Azerbaiyán han formado un observatorio para impedir un nuevo conflicto en Nagorno-Karabaj.

Y lo más importante para la persona de Erdogan: le debe la vida a Vladimir Putin. En julio de 2016, durante el golpe de estado fallido, se dice que fue el Kremlin quien le avisó para salir inmediatamente del hotel donde se alojaba minutos antes de que fuese bombardeado por un caza despegado de la base de la OTAN en Incirlik. Poco después, el embajador ruso en Ankara, Andréi Kátlov, fue asesinado en directo y transmitido por las cámaras de la televisión.

Los puntos de fricción entre Moscú y Ankara

- Turquía se opone a la declaración de independencia de las regiones Donetsk y Lugansk (por ser un mal ejemplo para los kurdos), y defiende la entrada de Ucrania ( y Georgia) en la OTAN.

- Ankara no reconoce la integración de Crimea (hogar de miles de tártaros, grupo étnico túrquico) en Rusia, a pesar de que Putin invitó a Erdogan para inaugurar una mezquita.

- La decisión de Moscú de reclutar a "voluntarios" sirios, enemigos de Turquía, para luchar en Ucrania en parte es una respuesta al envío de "voluntarios" albaneses y caucásicos desde Idlib para matar y morir en el lado de Zelenski.

- En Libia, Turquía respalda al gobierno de Trípoli instalado por la ONU, como manera de hacerse con el gas libio, agitando la bandera de "recuperar la Patria Azul", mientras Rusia, Francia, o Arabia saudí apoyan a Khalifa Hafter, que planea ocupar la capital.

Por lo que Moscú no pierde de vista a un indescifrable Erdogan: cualquier "desliz" o traición a Rusia será respondida con contundencia, como por ejemplo cortarle el gas, jugar la carta kurda en Siria y expulsarle de Idlib, enviando a otros millones de refugiados a Turquía y Europa, entre otras medidas que puede tomar.

Cualquier alteración en las actuales relaciones turco-rusas provocaría nuevos conflictos en Oriente Próximo, el Cáucaso Oriental, Asia Central y los Balcanes.

Turquía no se fía de "Occidente"

Motivos:

- EEUU planeó el asesinato del presidente Erdogan en el golpe fallido del 2016, afirma Ankara, por lo que decidió acercarse a Rusia y que de paso le comprase el sistema antimisil ruso S400. Por esta compra, EEUU le impuso sanciones a la industria militar turca, y ahora Ankara exige la devolución de 1.400 millones de dólares que había pagado por unos aviones de guerra que no le han sido entregados.

- La formación de un pacto militar entre Grecia y Francia contra Turquía. ¿No era el lema de la OTAN "todos para uno, uno para todos"? Ankara no debe tomarlo a pecho: se trata simplemente de un negocio: los griegos previamente arruinados por Bruselas pagarán 2.5 mil millones de dólares a los fabricantes de buques de guerra franceses. ¡Más fraternité imposible! Estas oscuras jugadas en el seno de la OTAN son una de las razones de Turquía para buscar pactos bilaterales de seguridad con otros estados.

- La oposición del Senado de EEUU y Francia al papel que jugó Turquía en la guerra Nagorno-Karabaj, atacando a los armenios.

- Patrocinar a los dos grandes sectores enemigos de Erdogan: El popular clérigo turco Fethullah Gülene, exiliado en EEUU, y los kurdos de PKK.

- No ser admitida en la Unión Europea (UE), club que ha preferido tenerla como Estado Tapón y una barrera que la separa de la zona "en guerra" de Oriente Próximo. A Ucrania también la admiten para no compartir frontera con Rusia: eso sí, le han ofrecido un tratado de libre comercio, para llevarse su "chernozem", "tierras negras" y fértiles, su uranio y hierro entre otros recursos que posee el país.

- El caos en la política exterior de la OTAN, dividida no solo por el dilema de "¿contener a China o a Rusia?", sino por cómo hacerlo en ambos casos.

Aun así, Turquía sigue en la OTAN, y no solo porque tema su apocalíptico castigo, sino también por sentirse parte del "poder mundial", y preservar las buenas relaciones con Europa Occidental, su principal socio económico. Y ahora, también espera sustituir a Ucrania y convertirse en un nudo de distribución de gas –azerbaiyano e israelí- a Europa, una vez que amplíe su capacidad de almacenamiento.

Control sobre el turbulento Mar Negro

Ubicado entre Rusia, Ucrania, Rumanía, Bulgaria, Turquía, y Georgia, o sea, tres miembros de la OTAN y dos socios cercanos,  el Mar Negro, que debe su nombre al lodo oscuro que cubre su fondo, es una reserva de gas, y conecta con el Mediterráneo a través del estrecho turco del Bósforo.

Después de integrar a Crimea, Rusia reemplazó a Turquía como la potencia dominante de este mar. En estos días de guerra, Turquía recuerda que, en virtud del Convenio de Montreux (1936), tiene el derecho legal de impedir el acceso a los buques de guerra si se siente amenazada, aunque si pertenecen a los estados ribereños sí que pueden navegar para regresar a su base, como los de Rusia. El Convenio prohíbe a los estados no ribereños desplegar submarinos en el Mar Negro, por lo que Turquía será el único miembro de la OTAN en poder hacerlo, siempre que decida  suicidarse con el método de Sansón: "«¡Que mueran conmigo los filisteos!», algo que no sucederá mientras la guerra no amenace los intereses inmediatos de Turquía.

Una prolongación del conflicto agrietará la "independencia" relativa de la política exterior turca y empujará al régimen de extrema derecha de Erdogan a una carrera armamentística, más gastos militares y un mayor alineamiento con EEUU, lo cual dará lugar a nuevos choques entre los dos titanes del Mar Negro. Y, en caso de que Rusia consiga algunos de sus objetivos, la élite turca respirará tranquila.

Erdogan intenta utilizar la actual guerra como una oportunidad para inyectar vida en el cuerpo sin vida del neo-otomanismo, y recuperar los antiguos dominios del desaparecido imperio.

Una Turquía menospreciada por el gobierno de Biden (que ve la política exterior de Ankara desde la óptica de los intereses de EEUU y no entiende que los turcos no vean a Rusia como una amenaza) es una Turquía peligrosa para Occidente.

En este país, apoyar a la OTAN es contrario al patriotismo, y el Partido de la Justicia y el Desarrollo del presidente no puede ignorar este dato ante las próximas elecciones y en medio de la caída en picado de su popularidad.

La principal preocupación de los mandatarios turcos hoy es cómo evitar la derrota de Turquía en esta guerra.