Opinion · Punto y seguido

El maniqueísmo político

A pesar de que Mani fue un profeta persa del siglo III, su doctrina ha tenido más fieles entre los analistas políticos occidentales que en su propia tierra.
Basado en un rotundo dualismo, Mani dibuja un mundo dividido en dos partes que, desde sus antagonismos, están condenadas a eliminarse la una a la otra. Despojado de su naturaleza espiritual, el maniqueísmo ha resucitado en el terreno político a manos de Bush II bajo el formato bélico del pensamiento único y de su construcción infantil de los ejes del Bien y del Mal y demás sandeces dedicadas a los aficionados a los cuentos de lobos y caperucitas. “Quien no está conmigo, está contra mí”, sentencia simplista que atentaba contra toda razón pero conseguía manipular a millones de gentes y se convertía en una pandemia: los israelíes tachan de antisemitas a quienes critiquen los crímenes que cometen contra los palestinos; los islamistas acusan de pro occidental y agente de la Mossad a quienes piden la separación entre la fe y la política; los mandatarios occidentales, blancos y enchaquetados, llaman terroristas a los morenos y barbudos. ¡Al final, todos se retroalimentan!

Este “pensamiento binario” también lo padece a la izquierda europea en su visión de los movimientos surgidos en algunos países del sur. Dando la espalda a las Luces, la Europa progresista ha llegado a confundir el oscurantismo de los cabecillas de algunos grupos con la identidad de todo un pueblo, glorificando a los inquisidores que secuestran sonrisas y colores e impiden cualquier avance social. Así, les asignaron roles antiimperialistas a hombres que protegen “sus” tradiciones de la agresión del capitalismo globalizado, mientras no ven sus firmas en los obscenos pactos con las multinacionales que saquean aquellos feudos. En su tierra, defienden el derecho al respeto y al bienestar, y allá apoyan a los déspotas, que ponen anteojos a las personas, convirtiéndolas en masas, para amoldarlas a su capricho. ¡Que nadie aquí toque el laicismo, fundamento de la democracia! Pero allí buscan al más integrista para saludarle, y juntos señalar a quienes piensan, como agentes de Obama, santificando las desigualdades, “por el respeto a la multiculturalidad”. ¡Cuán esquizofrenia de intenciones, colegas!