Respeto para Bermejo

Así da gusto ser ‘progre’. Resulta que el rojo más rojo del Gobierno se ha gastado nada menos que 250.000 euros (no de su bolsillo, sino del dinero que sale de nuestros impuestos) en reformar un ‘modesto’ ático de 220 metros cuadrados en el centro de Madrid. Una miseria para una choza, vamos. Sabemos que en su momento, cuando ejercía de fiscal y ‘enfant terrible’ de la derecha, se reconocía como un hombre netamente de izquierdas, y presumía de que como tal actuaba. En efecto, sigue siendo absolutamente consecuente con sus ideas.

PEDRO MOYA GÓMEZ, Murcia

¿Qué quiere que le diga, si tiene más razón que un santo? La desvergüenza y prepotencia de Bermejo es un poco escandalosa, pero por desgracia nada insólita. La verdad es que ya nos vamos acostumbrando al cinismo de los políticos: mire si no a Zapatero, cruzando los dedos para que haya tensión. Otra cuestión es que, con esa propensión invencible al lujo, la ostentación y el abuso de poder, un tipo como Bermejo pueda proclamarse de izquierdas. Quizá para apoyar a Bermejo, Esther Tusquets defendía hace poco en El País la coherencia de luchar por la revolución a bordo de un yate de recreo. Su argumento tenía dos líneas: una era la infantil: “¡Pues anda que los cristianos!”. La otra la resumía así: “A esos tipos tan criticados por sus casas y sus coches y sus yates les sería más favorable militar y votar en un partido de la derecha. Pero no lo hacen, y ahí radica su coherencia. Y por eso creo que se les debe un respeto”. Sí, yo también solté una carcajada. Luchamos por que no haya privilegios, sí, claro; pero, mientras los haya: ¡no pensamos renunciar a ninguno!

El argumento es semejante al del tipo que dice: yo soy partidario de la igualdad entre hombre y mujer. Ahora bien, mientras en la sociedad no haya igualdad, en mi casa yo le sigo cascando a mi mujer y, desde luego, no he fregado un plato en mi vida. Estoy muy cómodo con mi mujer de esclava, así que me sería más favorable ser de derechas, por eso tengo mucho más mérito: mis ideas son feministas, pero en casa llevo los pantalones y mi mujer obedece. ¿A que merezco mucho respeto? ¡Ahí radica mi coherencia!

Lo mismo debe de pensar Bermejo: en la función pública hay que dar ejemplo de austeridad. Ahora, mientras llega o no llega la revolución, yo apando todo lo que puedo y lucho por la igualdad a bordo de mi yate mientras mi señora hace la comida: ahí radica mi coherencia. Es formidable: se gasta 11.000 euros de dinero público en “mobiliario de cuarto de baño” (el tipo debe de cagar en una silla gestatoria, sostenida a hombros de funcionarios del Ministerio) y luego pretenden que les votemos por 400 euros. Como diría Esther Tusquets: le debemos un respeto.

RAFAEL REIG