Paridad óptica

Su portada y las noticias sobre la paridad me han hecho reflexionar. Creo que la integración de la mujer es una cuestión de derecho y, viendo desde esta perspectiva la composición de los cargos directivos de ‘Público’, me he quedado perpleja. El director y subdirector y la mayoría de las direcciones adjuntas están en manos de varones. Las páginas de opinión, firmadas por/y con fotos de hombres, Deportes sigue siendo un campo en el que la mujer sigue apareciendo de forma anecdótica. Creo que va siendo hora de que se aplique la ley y empiecen a verse con normalidad rotativas dirigidas por mujeres.

Marta Ramallo Robles A Coruña

Tiene usted razón. Si quitamos el logo de portada y si no me he descontado, aparecen veintidós nombres, de los cuales sólo seis son de mujer. Editor ejecutivo, director, director general, director comercial y subdirector son hombres. Hay dos jefes de Información, mujer y hombre. La jefa de Redacción es mujer. En las nueve áreas, hay seis hombres y tres mujeres (Actualidad, Dinero y Ciencias). Debo confesarle que me he reído (con cariño) de lo de “firmadas por/y con fotos de hombres”, tanto por la barra estructuralista como por lo extravagante de la precisión: ¡no iban a ir firmadas por hombres y con fotos de sus madres! Aunque a mí no me importaría que apareciera mi firma y la foto de mi novia: se lo propondré a Nacho Escolar.

No estoy de acuerdo en que la integración de la mujer sea sobre todo “una cuestión de derecho”. A mí me importa más la igualdad de hecho. Como en tantos otros asuntos, opino que las denuncias tienden a ser retóricas y farisaicas; es decir, uno construye su propia bondad a través de la denuncia de la maldad ajena. La discriminación hay que combatirla, en primer lugar, en nosotros mismos. Por eso, precisamente, me he manifestado en contra de gobernar por señas, de los gestos simbólicos y de la condescendiente pedagogía política de Zapatero. Tampoco soy partidario de sacar tanto pecho con las denuncias de la Brunete mediática, en lugar de barrer primero en casa o, como diría Montaigne, cultivar nuestro jardín.

Una ley no es un aparato óptico: no se consigue por decreto que empiecen a “verse con normalidad” las mujeres en posiciones de poder. Mucho menos, creo yo, se consigue con la inflamación artificial de noticias: que una ministra viaje a Afganistán me parece bien. Lo que pasa es que no he logrado enterarme de a qué rayos ha ido que merezca tanto despliegue informativo, como no sea sólo para demostrar que podía hacerlo, y en ese caso me parecen ganas de tirarse un pedo en botijo, para que retumbe más. La visión distinta se consigue cambiando la realidad, no sólo la graduación de las gafas. En eso estamos, se lo aseguro.