Ratisbona

El viaje del Papa Benedicto XVI a Estados Unidos ha pasado bastante desapercibido para algunos medios españoles. Y es que en una España en la que, por desgracia, no se entiende con facilidad que la fe tiene una dimensión histórica, no se ha comprendido fácilmente la importancia del viaje del Papa. La dimensión religiosa, cada vez más presente en un mundo globalizado, aunque aquí nos parezca lo contrario, es esencial para fundamentar la lucha por los derechos humanos y para el necesario diálogo entre las culturas. Sobre estas cuestiones, como viene haciendo desde su famoso discurso de Ratisbona, ha hablado el Papa en Naciones Unidas.

Jesús Martínez Salt Girona

Pues a mí me parece que demasiado caso se le hace a Joseph Ratzinger, alias Benito o Benedicto. Y esa “dimensión religiosa” que menciona, a mí, gracias a Dios, me falta y la echo tanto de menos como a una tercera oreja. ¿El discurso de Ratisbona? Oiga, no fastidie. Quizá algunos lectores no lo recuerden. Fue una ocasión vergonzosa y reveladora. El tipo peroró allí en contra de la propagación de la fe mediante la violencia, pero no encontró mejor ejemplo para su tesis que citar, como autoridad y sin refutarlo en ningún momento, a un remoto y desconocido pensador bizantino que dijo: “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”. He aquí una espectacular contribución al “necesario diálogo entre las culturas”, ¿verdad, Jesús?

El resultado de este titánico esfuerzo del tipo a favor del diálogo: grandes disturbios, el asesinato de una monja y la irritación de una parte considerable de la población mundial. Formidable. Fue incapaz, por supuesto, de mencionar un solo ejemplo de la acreditadísima historia de violencia del cristianismo: la culpa es de los moros, claro. Tras la reacción de malestar, tampoco logró disculparse: dijo que le habían entendido mal. Lo cierto, sin embargo, es que asoció la violencia al islam, omitiendo de paso (con esa honradez intelectual que le caracteriza) la muy documentada historia de violencia del catolicismo, precisamente él, que fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (es decir, el antiguo Santo Oficio de la Inquisición).

Lo más lamentable es que ese tipo pase por ser un intelectual. A mi parecer, la primera tarea de un intelectual es hacerse entender y, precisamente en Ratisbona, Joseph (o Benito o como le dé por llamarse ahora) demostró que o bien es muy incapaz de hacerse entender o bien está repleto de prejuicios y de la clase de ideas que sólo se adquieren en la barra de un bar a altas horas de la noche.