Carta con respuesta

El ojo de la aguja

No soporto la hipocresía de la Iglesia católica. Por un lado piden a sus fieles que recen plegarias por el Rey y, por otro lado, consienten impunemente desde la Cope, que se siga cuestionando la figura del Rey. No sabemos si los señores obispos consideran también traidor al Rey como su empleado, por abortar el golpe de estado de Tejero del 23-F, o están sólo disgustados porque permitió la transición de la dictadura a la democracia y con ello se les redujeron parte de los privilegios que gozaron durante los 40 años que vivieron en buena convivencia con la dictadura.

JOAQUÍN GARCÍA MAYO, Getafe (Madrid)

Que no soporta usted la hipocresia de la Iglesia católica? Yo tampoco, pero no será porque no hayamos tenido tiempo de acostumbrarnos. Llevan así más o menos un par de milenios. Como usted sabe, la palabra propaganda viene de la congregación para la propaganda fide (la propagación de la fe, la evangelización): ellos inventaron el marketing. Si sólo hubieran predicado a la "sal de la tierra" o si hubieran insistido demasiado en lo del rico, el camello y el ojo de la aguja, no hubieran durado mucho. Por eso crearon las emisiones en estéreo (San Pedro y San Pablo), el mismo modelo que han seguido las empresas y los partidos. Para dominar la casi totalidad del mercado, las grandes compañías crean dos marcas distintas que compitan entre sí. En todo partido político que se respete hay un tándem (Guerra y González, por ejemplo): uno se dirige a los descamisados, mientras el otro se dedica a tranquilizar a los bancos y a las multinacionales.

Al lado de la Iglesia, partidos y empresas son simples aficionados. El catolicismo es (como su propio nombre indica) universal porque siempre ha puesto una vela a dios y otra al diablo. En toda guerrilla revolucionaria hay unos cuantos jesuitas, pero en los consejos de administración no faltan numerarios del Opus. Mientras los curas rojos participaban en la creación de CC.OO., otros curas paseaban a Franco bajo palio. Hay una "teología de la liberación" que apoya a los oprimidos y ceremonias solemnes que complacen a los opresores. Unos comulgan en barriadas con pan de molde y otros ya pueden escuchar misa en latín. Y así siempre, para no mencionar el entusiasmo eclesiástico por los negocios, desde Gescartera a la Banca Ambrosiana.

En mi opinión, la Iglesia sólo juega en un tablero: el del poder. Y, para ganar siempre, es indispensable contar con todas las cartas de la baraja. La moral, la justicia, la solidaridad... esos son otros juegos. ¿Que es hipócrita? ¡Toma, claro! Por supuesto que es hipócrita. O a lo mejor es que nosotros, la pobre gente, estamos intentando jugar en el mismo tablero a un juego diferente. Y así nos va, Joaquín. Qué pena.

RAFAEL REIG