Opinion · Carta con respuesta

Contra la violencia

La perdurabilidad de ETA es la prueba irrefutable de que todavía hay gente que cree en la posibilidad de fundamentar la legitimidad de una nación a fuerza de bombazos. Hay cerebros que no dan para más. No es difícil imaginar, en el hipotético caso de que al fin esa aberración histórica (e histérica) lograra sus objetivos, cuál sería la forma de gobierno de los herederos de los estrategas de la crueldad, y de qué forma quedaría configurado un estado que nace del desprecio al más sagrado de los derechos humanos, como es la vida, y de la negación de las libertades que conforman los valores democráticos a los que debe aspirar toda sociedad avanzada, antes que verse sometida al totalitarismo de la dictadura de la barbarie.

JORDI S. BERENGUER BARCELONA

Hay mucha gente que cree “en la posibilidad de fundamentar la legitimidad de una nación a fuerza de bombazos”. La mayoría, diría yo. Afirmaba De Gaulle, “La France fut faite à coup d’epée” (Francia se hizo a golpe de espada). Aznar parece pensar que España también se hizo con las manos: degollando infieles con Santiago Matamoros de patrón (esos mismos árabes que todavía no le han pedido perdón a él). Esperanza Aguirre, en cambio, sitúa el nacimiento de la nación española en la guerrilla armada del siglo XIX. Los patriotas norteamericanos presumen de su Revolución, que no fue en modo alguno pacífica. Desde Francisco de Vitoria a John Locke, siempre se ha discutido sin histeria sobre las condiciones de legitimidad de la violencia política y de la lucha armada.

Es sólo ahora cuando estas cuestiones han sido expulsadas del debate público. Me gustaría saber por qué. Que no le quede ninguna duda: estoy en contra de la violencia de ETA. Ahora bien, no porque crea que toda violencia sea condenable. Por eso me gustaría que se pudiera discutir en qué condiciones, con qué fines y límites, la violencia política es legítima. Ya sé que estoy pidiendo un imposible: eso es un tabú. Creo sinceramente que fortalecer un tabú es la mejor manera de empeorar las cosas.

¿Hay un deseo mayoritario de independencia en el País Vasco? No lo sé ni lo sabré, porque el Gobierno impide cualquier consulta popular. Igualmente, a mi modo de ver, el Gobierno persigue a personas por lo que no son sino delitos de opinión (proceso 18/98, cierre de periódicos, ley de partidos, etc.). Si hubiera ese deseo, ¿cuál sería entonces el cauce democrático, no violento, que le estamos dejando? Y bloquear las vías democráticas, ¿no favorece a los violentos? No se confunda: condeno la violencia de ETA. Al mismo tiempo, me opongo a la cruzada contra el terrorismo, tanto en Guantánamo como entre nosotros. Y me opongo a la histeria que no nos deja decir ni pío.