Leer a la fuerza

Estos días de la Eurocopa de fútbol, se vienen publicando entrevistas tipo cuestionario que los medios de comunicación efectúan a los jugadores de la selección española. Resulta muy triste saber algunas de las respuestas. Por ejemplo, la confesión que ha hecho Cazorla a este diario la semana pasada: “¿Lleva algún libro en la maleta?”. “No, ninguno”. “¿Cuál es el último que ha leído?”. “Ni me acuerdo. La verdad es que no leo mucho”. Un diario deportivo se lamenta de que “en diferentes medios determinados jugadores de España han explicado que no han traído ningún libro en su maleta de la Eurocopa”. A excepción de Arbeola, que, sin especificar, ha dicho que ha escogido unos cuántos, Capdevila, Albiol, o Villa han dicho que no traen ninguno. Andrés Palop ha añadido que lee ‘La Guía de la Liga’ del As y Sergio García nos ha hecho subir los colores cuando ha afirmado en ‘Público’ que no ha leído “ningún libro nunca, ni siquiera los de la escuela”. Y yo que creía que los jugadores de fútbol, que tienen mucho tiempo, estudiaban incluso una carrera…

MIQUEL PUCURULL FONTOVA BARCELONA

Hace un par de años, le pregunté a mi hija qué regalo quería para su cumple. “Cualquier cosa menos un libro”, me dijo. Culpa mía, llevaba demasiado tiempo recomendándole que leyera. Mi hija, que es lista, desconfía por instinto de todo aquello que le aconseja el poder. Empecé a decirle que viera más la tele y dejé de mencionar los libros. Ahora se pasa las tardes leyendo tan a gusto.

A mí también me cansa toda esta propaganda institucional a favor de la lectura. Hay muchos lectores (y escritores) que no distinguen a Mozart de Salieri, que no saben leer una partitura, resolver una ecuación de segundo grado o reconocer un sauce o una encina. Todos somos ignorantes, porque, por definición, la cultura es lo que saben los demás. ¿Por qué es tan grave no leer y en cambio se puede presumir de no saber de ciencia? ¿Por qué es mejor haber leído a Dante que
aprender a cultivar tomates?

No diré yo que leer sea malo, pero me parece un poco papanatas o ingenuo pensar que la lectura es, en sí misma, fuente de salud, sabiduría y bondad. Depende de lo que uno lea. Y del efecto que le haga: yo conozco personas litero-inmunes, a las que los libros no les enseñan nada, aunque sí aumentan su petulancia hasta volverles muy fastidiosos. Hay grandes lectores que son nazis, asesinos en serie, pederastas, malas personas o unos borricos de pronóstico. Si a los futbolistas no les da la gana de leer, pues déjeles en paz. Lo único que se les puede decir es: no sabéis lo que os perdéis. Todo lo demás es moralina infumable o rasgarse las vestiduras para obsequiarnos con una exhibición impúdica de la propia devoción lectora.