Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

‘Virgo clemens’

27 Jun 2008
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Los medios informativos nos habían persuadido de que la promiscuidad sexual, surgida de mayo del 68 y de las continuas campañas contra la fidelidad matrimonial, la monogamia y la virginidad, había sido asumida por una mayoría de mujeres. Nada más lejos de la realidad. Según un estudio basado en los hábitos sexuales de las españolas, un tercio de ellas entre 18 y 25 años permanecen vírgenes, es decir, hay 7 vírgenes por cada chica muy promiscua. Las mujeres, constituidas como parte más espiritual y afectiva en el tándem conyugal deberían interiorizar mejor la monogamia y la virginidad; su pérdida a destiempo es más una experiencia traumática y siempre una transgresión moral que acaba pagando la propia autoestima.

CLARA JIMÉNEZ MURCIA

Me sumo a sus reflexiones sobre la “pérdida a destiempo” de la virginidad. Yo mismo la perdí muy tarde, a los dieciocho, casi sin darme cuenta, como se pierde el capuchón de un boli Bic. Miré bajo el almohadón de todos los sofás, en la mesita de noche y en los bolsillos del vaquero, pero sólo pude encontrar horquillas, imperdibles perdidos y billetes de metro cortados por la mitad a lo largo. Traumático, lo que se dice traumático, no diré que fue, aunque sí bastante cómico: como el que no consigue abrir una puerta porque se ha equivocado de llave y no entra en la cerradura. Tuviera yo autoestima, se habría declarado deudora, pero en suspensión de pagos. Sin embargo, en mi caso sólo había amor propio, cuya pérdida no lamentamos ninguno de los dos. Ya me habría gustado, ya, que hubiera sido “una transgresión moral”: se quedó en improvisada chapuza en un piso prestado y ella (que nada perdió esa noche que no estuviera ya más perdido que el hijo de Lindbergh) sólo me regañó lo indispensable. Eso sí, nos reímos mucho hasta que se nos terminó el tabaco y hubo que volver a ponerse la ropa.

Yo a la virginidad no le doy ninguna importancia, pero es verdad que nunca he tenido trato con una virgen (ni vigilante ni necia), así que no sé si me estaré perdiendo algo. En cuanto a la monogamia: lo niego todo, que mi novia me estará leyendo.

Ahora bien, podían hincar los codos y aprender a sumar (o a escribir): si un tercio son vírgenes, será que los otros dos tercios no lo son, así que no veo de dónde rayos, a partir de ese dato, salen esas siete vírgenes por cada “chica muy promiscua”. Claro que, ¿cómo define usted “muy promiscua”? A mí me parece que las novias de mis amigos nunca son lo bastante promiscuas, por ejemplo, y no consigo que cambien de actitud, pese a esas campañas que menciona. Qué le vamos a hacer. Por cierto, ¿cómo narices se “interioriza la virginidad” a bordo de ese formidable velocípedo al que llama “tándem conyugal”?