Lenguaje de signos

Si un ministro puede acudir al Congreso sin corbata, nadie en España debería estar obligado a llevarla en su trabajo ni en acontecimientos. Sin embargo, dependientes de grandes almacenes y otros están obligados a llevar traje y corbata por mucho calor que se soporte. El ministro realizó este gesto en solidaridad con el medio ambiente. En esto no existe la igualdad entre hombres y mujeres, pues ellas no tienen que llevar trajes o vestidos ceñidos al cuello. La corbata ya no es un signo de distinción, sino de respeto o de ir presentable en ciertas ocasiones. Además, hay corbatas de todos los precios y apenas se distinguen las buenas calidades de las malas. Ya no vale el refrán de «quien no tiene plata no se compra corbata».

ANTONIO NADAL PERÍA ZARAGOZA

Que yo sepa, en el Congreso, la corbata no es obligatoria. El que se la pone lo hace porque le da la gana. Puede que sea un signo de respeto, como dice usted, pero de respeto ¿hacia quién? No hacia nosotros, los ciudadanos, pues es notorio que, cada vez que comparecen directamente ante la ciudadanía, en un mitin, los políticos se disfrazan con unas patéticas cazadoras de cuero que ellos (o sus bufones o asesores) imaginan que son un signo de proximidad. Esos tíos se ponen corbata para ir al Congreso, para ver al rey y para estar en la tele; es decir: es un signo de respeto al poder. A eso yo lo llamo sumisión, servilismo o afán de medrar. En todo caso, es un signo de mucho respeto a su propia ambición de poder, que a ellos les parecerá muy respetable.

Hoy en día, como cantaba Gardel, “de las mujeres… mejor no hay que hablar”. El guardarropa de Fernández de la Vega, por ejemplo, parece la pesadilla de un Walt Disney hasta las orejas de LSD. La señora no parece tener eso que llaman fondo de armario, sino un baúl de la Piquer repleto de complementos, marroquinería y túnicas de rey de baraja. ¿De qué rayos será símbolo? Miedo me da pensarlo: ¿de una creatividad contrariada por la falta de lápices de colores en la infancia o de una pasión funesta y secreta hacia Marichalar?

Por lo demás, me trae sin cuidado. Que les pongan a los diputados un uniforme, como a los bomberos o a los policías. Si pasan calor, que se aguanten, como se aguantan tantos. Hay quien lo tiene mucho peor, obligado a trabajar con casco a cuarenta grados o teniendo que llevar minifalda a la fuerza para satisfacer la lascivia del propietario de un hospital. Lo único que suplico es que, por favor, dejen ya de hacer gestos. De “solidaridad con el medio ambiente” (sic), de solidaridad con el sistema decimal o de cejas levantadas con los dedos. ¿Puede acabar la función infantil de mimo o de títeres y que empiece ya la política para adultos? ¿Es mucho pedir?