Carta con respuesta

Ojalá me equivoque

Queridos amigos de ‘Público’:
Escribir a un diario que sale a la calle hoy mismo es iniciativa propia de sádicos.
Bastantes problemas pendientes tendrá usted como para ponerse a atender a los lectores in péctore.
Pero querría, al menos, felicitar al recién nacido, desearle larga y venturosa vida y rogar a sus creadores que no caigan en la tentación de mirarse demasiado al ombligo.
Los ombligos resultan todos pero que muy semejantes.

CAMILO JOSÉ CELA CONDE

Intentaremos no mirarnos el ombligo, Camilo, ni tener razón. Ojalá en Público  nos equivoquemos a menudo. Para pensar de verdad, hay que arriesgarse a no tener razón. El que piensa sobre seguro, sin correr ningún riesgo, es verdad que nunca dice nada incorrecto, pero en realidad tampoco dice nada de interés. Creo que hay que intentar siempre decir algo con lo que sea posible no estar de acuerdo. La mayoría de los que opinan, lo hacen para suscitar unanimidad, dicen esa clase de cosas con las que es imposible estar en desacuerdo. Que la guerra es mala. Sí, en efecto, pero quién lo duda. Que los puñetazos duelen. No me diga, amigo, no me diga. Que nunca llueve a gusto de todos. Pues, ahora que lo pienso, va usted a tener razón, oiga. La verdad, para ese viaje no hacían falta alforjas y lo mejor es no empezar ni siquiera a abrir la boca.

Ojalá que en Público  nos equivoquemos a menudo. Porque eso querrá decir que no escribimos para tener razón, para cargarnos de razón, pero sin movernos de sitio ni cambiar de ideas, como si fuéramos una pila o la batería de un móvil. Cuando uno escribe algo con lo que es imposible estar en desacuerdo, en realidad se mira el ombligo: está escribiendo precisamente para impedir que haya una respuesta, ya que en lo que uno dice ya va incluida la réplica, que no puede ser más que el asentimiento. Nosotros perseguimos lo contrario. No queremos impedir la respuesta, cerrar la boca al otro, sino suscitar la discusión. No queremos administrar monólogos incontestables, sino provocar un diálogo, buscar un interlocutor con el que mantener una discusión. Para conseguir eso, hay que arriesgarse incluso a mear fuera de tiesto.

Ojalá que en Público  nos equivoquemos a menudo. Estaremos de verdad pensando, pues el pensamiento sólo tiene lugar en el límite de lo que no se puede pensar, contra el sentido común, más allá de lo indiscutible. Razonar, pensar, son verbos que sólo se conjugan en plural, a través del diálogo. Razonar, pensar, si se conjuga en primera persona del singular, se convierte en un verbo defectivo. Ojalá que Público a menudo se equivoque o, al menos, que me equivoque yo.

RAFAEL REIG