Carta con respuesta

Yo no compro

Las influencias orientales en nuestra cultura no son recientes. Las técnicas del yoga, el reiki, el feng-shui... o la misma meditación han popularizado su promesa de bienestar psicológico, pero al final resultan insatisfactorias. Algunos no tienen empacho en hacerse con una piedra de la suerte, o una pirámide de cuarzo, pero son incapaces de reconocer la riqueza que sólo el Dios hecho hombre-héroe nos ha ganado. La oración con Cristo es ‘un diálogo personal, íntimo y profundo’ y si permanecemos a su lado bebiendo de la gracia de los sacramentos de su Iglesia, nos promete una felicidad del ciento por uno y la vida eterna. La vida del alma sólo puede ser alimentada convenientemente por el que la creó: sólo Dios satisface plenamente al hombre que ha aprendido a obedecerle.

MARÍA FERRAZ BARCELONA

Oiga, pero ¿dónde está el truco? Yo es que soy de pueblo y, cuando alguien me ofrece duros a cuatro pesetas, digo que no, ¿qué pasa? Usted dice que el tipo promete felicidad, y además en proporción "del ciento por uno", y de propina, la vida eterna, ni más ni menos. Menudo negocio. Si fuera así, ¿por qué iba a dudar nadie? ¡Qué cuarzo ni qué ocho cuartos! Iríamos todos de rodillas y con crucifijos. A mí, cuanto más me dan la lata con gangas increíbles, menos me tienta. Y al parecer hay muchos así. Yo no compro el peine que peina para delante y para atrás, aunque me den de regalo el perrito-piloto y, además, por el mismo precio, la vida eterna, un pela-patatas patentado y la batería de cocina... ¿quién da más?

Lo que no consigo entender es su incansable furor propagandístico. Vamos a ver: si a usted nadie le molesta ni le impide creer en lo que le dé la gana, si está todo lleno de iglesias, si hasta retransmiten misas por la tele, ¿por qué le provoca tanto malestar que haya un puñado de ateos? ¿Lo hace por nosotros o por usted? ¿Tan peligroso le parece que haya cuatro empecatados que no se lo traguen? ¿Tan mal ejemplo damos? ¿Tan tibia es su fe que se tambalea en presencia de tipos como yo?

La única explicación que se me ocurre es que todo el invento sea un tocomocho de esos de la pirámide. Uno mete pasta en algo que asegura ganancias formidables, y es verdad que algo gana, pero sólo a condición de que uno consiga a su vez apuntar a otros tres incautos por debajo de él. La pirámide va creciendo y, mientras se sigan enrolando pardillos, los que están por arriba siguen cobrando. El formidable timo sólo explota cuando ya no se puede convencer a más incautos. En cuanto dejan de picar nuevos crédulos, todo se viene abajo como un castillo de naipes. ¿Es eso? ¿Es ese el motivo de tanto celo por convertir infieles? ¿Si yo no pico también, usted pierde la pasta que le timaron?