Carta con respuesta

Terry me va

Una mujer desnuda con una bandera, anunciando las fiestas patrias, arriesga hasta cuatro años de prisión en el Perú. Sin embargo, y como en otros casos célebres, ¿no ha sido una mujer así ataviada el más famoso icono de la república... francesa? ¿Y no ha sido una de las imágenes más reproducidas en la reciente fiesta del Orgullo Gay la de otra peruana con un gran gorro, haciendo patria, engendrando... turismo, etc.? Las banderas, de origen bélico y consecuencias sangrientas, deben ir reconvirtiéndose todas en símbolos del amor y de la vida entre los que son iguales e incluso entre aquellos a los que sólo separa lo que los franceses llaman la pequeña (pero, por lo general, bien apreciada) diferencia.

JOSÉ MARÍA GRANDAS MENÉNDEZ MADRID

Qué quiere que le diga, si mi infancia son recuerdos de una amazona hiperbórea desnuda y rubia, y una botella de coñac Terry. Como todos los niños, era vulnerable y testarudo. Con el cerrojo echado, en el cuarto de baño, a menudo me ensimismaba recordando el anuncio de "Terry me va". Ni siquiera iba del todo desnuda, aunque era evidente que no llevaba bragas. Saltaba sobre el caballo al trote, por las dunas de Doñana; al botar separaba más los muslos y no podías ni tragar saliva ni apartar los ojos. Por la noche, la chica del anuncio interrumpía al galope mis sueños, como te despierta de repente un grito o una ventana rota de una pedrada. Luego he oído que la chica era Niko, una alemana que había aparecido en la película Chelsea Girls, de Andy Warhol; y también he oído que, después de que Leopoldo Pomés la incrustara para siempre en nuestros sueños con aquel spot, Niko acabó (mal, con otra clase de caballo) en Ibiza y murió. Como cantaba José Alfredo Jiménez: "Y este fue el corrido del caballo blanco / que salió un domingo de Guadalajara".

Es decir, o bien los niños de los sesenta éramos una pandilla de perversos polimorfos, o bien una tía en pelotas a caballo no es una imagen tan inocente. O ambas cosas, que también puede ser. De todas formas, hay que contarlo todo: no posó desnuda con una bandera. Iba a caballo, desnuda y montada sobre una bandera. Para un perverso polimorfo (como lo son, en Perú y aquí, los fiscales) no es lo mismo. Puede que sea ofensivo, pero precisamente por eso me parece mejor todavía: cuanta más blasfemia, injuria a la bandera y ultraje a los valores, mucho mejor.

No sé al final qué pasará en Perú. Aquí, el fiscal pidió año y medio de cárcel sólo por quemar una foto del rey. Aquí, por una simple caricatura de unos príncipes, secuestraron una revista. Aquí, por una obra de teatro titulada Me cago en Dios, Íñigo Ramírez de Haro sufrió 3.000 (sí, tres mil) denuncias de particulares y una querella criminal. ¿Sigo?