Carta con respuesta

Patio de colegio

Quizá usted lleve a su hijo a un instituto público por una razón: sus profesores hemos afrontado una oposición para demostrar que somos especialistas en nuestra materia. Esto no ocurre en los centros concertados o privados, donde la selección es, por decirlo así, menos objetiva. Sin embargo, la Comunidad de Madrid está cambiando las cosas. Y a peor, naturalmente. Usted no lo sabe, pero es probable que el profesor de música de su hijo sea licenciado en Historia y nunca haya visto un pentagrama. O que su profesora de inglés haya pasado una oposición de lengua, sí, pero no de la inglesa, sino de la española. O que quien le enseña matemáticas, informática o historia no sea otra cosa que un economista. Éstos son ejemplos reales (el último es el mío propio) en los que los docentes tenemos que dar asignaturas totalmente ajenas para completar nuestro horario. ¿Así se educa, convirtiendo a los profesores en empleados precarios y la docencia en un circo denigrante?

MARÍA DEL ROSAL CRESPO. MADRID

Mi hija va al colegio público del barrio y tomamos la decisión por varios motivos, entre ellos el que usted señala. Yo he trabajado en la enseñanza pública y en la privada y se gana más en la pública. En mi simplicidad materialista, estoy convencido de que la calidad de la enseñanza se basa en que los profesores estén bien pagados, además de preparados. En mi rudeza, también creo que la pasión privatizadora que domina a Mrs. Aguirre se basa en el principio opuesto: aumentar la rentabilidad, es decir, que la empresa obtenga más beneficio.

Mrs. Aguirre y sus compinches aún no han conseguido eliminar la enseñanza pública, pero todo se andará. Deles tiempo, hacen lo que pueden. Ya somos el país con más alumnos en la enseñanza concertada (salvo el Reino Unido y las extravagancias religiosas de Holanda y Bélgica). Sólo un 70% de alumnos están en la red pública. Mire otros países un poco serios: Alemania, 93,5%; Estados Unidos, 90,5%; Suecia, 93,1%, Canadá, 93, 5%, y así todos.

La enseñanza pública es la única garantía de igualdad de oportunidades, cohesión social y enseñanza de calidad. Es decir, para Mrs. Aguirre y Cía., lo más peligroso que se pueda concebir. La privada, en cambio, sólo garantiza que tu hijo no andará con malas compañías. La pública está para los pobres, los inmigrantes y los gitanillos: les enseña cuál será su sitio el día de mañana. Todavía hay clases, oiga, y nada como un buen colegio para grabarlo al encáustico en las meninges de los más pequeños. Desde el patio de recreo, cada uno sabe cuál es su sito. Tu hijo, en la privada, igual sale un poco borrico, pero su compañero de pupitre le regalará una empresa recién privatizada para que saque un puñado de euros.