Carta con respuesta

Non plus ultra

No quería creer que la crisis tuviera tal dimensión hasta que un científico de la talla de Hawking nos ha advertido, según reproduce en grandes titulares la prensa, que "el futuro del hombre está en el espacio", ante un próximo desastre en la Tierra. Estas sensacionales declaraciones las ha hecho tras recorrer el camino de Santiago, y coincidiendo en parte –él, tan agnóstico– con lo que afirma el clero, que el único camino válido para el hombre es esforzarse por llegar al cielo. Lo repito: nunca creí que la crisis fuera de tanta altura, o profundidad, porque hemos perdido el Norte absoluto y esa meta celeste pudiera estar en el Sur. En todo caso, ambas hipótesis coinciden en que debemos procurar llegar al más allá: vivos, si seguimos los consejos de Hawking, o muertos, si seguimos al clero.

MANUEL DELGADO IRIARTE MADRID

No tengo ni pizca de entusiasmo por el más allá. Ahora bien, si la alternativa es trasladarse a él vivo o muerto, no tengo duda: prefiero ir vivo. Recuerdo aquel poema (cito de memoria): "Se suicidó aquel tipo hacia la vida y me lo dijo: la muerte es aburrida". Si me muriera (no entra en mis planes) también me suicidaría desde la muerte, de vuelta a la vida, por puro aburrimiento y para volver a mis bares favoritos.

La ocurrencia de Hawking es un topos antiquísimo. Las primeras novelas occidentales ya tratan de viajes a la Luna y avances científicos que nos permiten vencer la enfermedad, etc. Las maravillas de más allá de Tule, de Antonio Diógenes (siglo I), que solo conocemos por un resumen de Focio, cuenta un viaje a la Luna. Poco después, la Verdadera Historia, de Luciano (s. II), contiene el germen de Swift o Julio Verne. En la novela van a la Luna en barco volador y nos cuenta que los selenitas disponen de ojos de quita y pon (y que los más ricos tienen todo un surtido de distintos colores). En fin, de los antiguos griegos a Verne o Philip Dick, la utopía lunática se repite con machacona insistencia. Personalmente, prefiero leer a Verne que a Hawking, dónde va a parar.

Colonizar el espacio exterior da un poco de pereza; basta con salir por el barrio y explorar el espacio interior, que también está lleno de agujeros negros y energía oscura. Por la calle de la Palma abunda la materia invisible y, como afirma
Hawking, "su presencia se puede detectar debido a la gravedad" y a esa cara tan triste que se nos queda cuando deja de llover. Como en el Universo, en el Día de San Bernardo tampoco queda "mucho espacio para milagros ni para Dios". Aquí Dios que no es más que un personaje literario que sale en la Biblia, un tipo creado por un algún autor de best sellers en la línea de las novelas de conspiraciones secretas y aventuras rocambolescas.