Carta con respuesta

La homeopatía

A las 11:12 del domingo 28 de octubre, una de las personas encargadas de la retransmisión de la beatificación de los curas víctimas de la guerra civil ‘dixit’: "Los mártires honran a la Iglesia católica". A las 11:45, leo en los periódicos que Mohamed Achraf recluta mártires para la causa de Alá. Desde Europa, hablaremos de la beatificación como "ardorosa manifestación de fe". Del reclutamiento de mártires musulmanes, hablaremos como "invasión y fanatismo". La peor de las plagas es la adoración al mártir. Venga de donde venga.

FRANCISCO GARCÍA CASTRO, Estepona (Málaga)

Por un lado, hay una diferencia entre dar la propia vida como testimonio de fe o dar la propia vida y, de paso, la de algunos otros y contra su voluntad, ¿no le parece? Tengo entendido que esos mártires católicos fueron víctimas, mientras que los otros son víctimas, pero también verdugos. Más que mártires, habría que hablar de terroristas suicidas, en mi opinión. Puede que luego su dios les premie, pero los dioses (todos ellos) ya sabemos cómo son: inexistentes, rencorosos y firmes defensores del puñetazo en la mandíbula. Corríjame si me equivoco, Francisco, pues (como usted) el martirio es un asunto por el que no siento ni el más mínimo interés.

De hecho, lo que me asombra es que a alguien le interese. El asombro roza el estupor cuando semejante interés por la beatificación de unos mártires (aunque sean centenares) lo siente el Gobierno socialista de un Estado laico. ¿Qué narices pintaba Moratinos de rodillas en Roma y, encima, aplaudiendo luego el Concordato de 1979 que deberíamos haber denunciado ya hace mucho tiempo? El estupor se transforma en incredulidad al escuchar las (desternillantes y chiripitifláuticas) explicaciones oficiales: el ministro, un político, fue precisamente con el objetivo de "despolitizar" el acto. Formidable. ¿Cómo no se me había ocurrido? Es pura homeopatía: la politización es mala, pues metes un político extra y asunto arreglado. Si hubieran querido ‘desmilitarizarlo’, habrían mandado a un capitán general con uniforme de gala. Es lo lógico, ¿no? Si se hubieran propuesto ‘deserotizarlo’, habrían hecho ir a una pareja de actores porno para dar un espectáculo. Para ‘desintelectualizarlo’, habrían enviado al mismísimo Heiddeger, aunque tuvieran que resucitarle sólo para eso.

Sin duda, se debe a una avería o desperfecto grave de mi cabeza, pero creo que ese pintoresco razonamiento carece de sentido común (y de sentido del ridículo). Debe de ser alguna forma de pensamiento mágico o una medicina homeopática de faquires: algo para lo que se conoce que tengo ya demasiada edad (o tal vez demasiadas lecturas).

RAFAEL REIG