Preceptiva literaria

El domingo mi cuñado, con una pericarditis, fue derivado del Hospital de El Escorial al Puerta de Hierro Majadahonda. Este sitio, es la “cueva de los despropósitos”. Tras preguntar por él en recepción de Urgencias, nos dijeron que nos informarían en la sala de espera y a las dos horas, tras volver a preguntar, supimos que estaba en planta. Por la tarde tuvo dolores nuevamente y la enfermera nos dijo que no podía encontrar al único cardiólogo que había en el hospital, con lo que tuvo que quedarse con los dolores. Ayer a media mañana le dicen que le dan de alta a las 15 horas. El alta fue a las 20 horas. Además de esto, hay consultas que todo lo que tienen es un sillón y una papelera. No están todos los extintores señalizados. Antes de abandonar la habitación, ya la estaban limpiando. La salida del recinto con coche carece absolutamente de señalización. En fin, una joya.

JOSÉ LUIS BARRERO ÁLVAREZ MADRID

Mis padres me decían que nunca hiciera dos regalos, sino sólo uno. Si haces dos, parece que uno de ellos te ha parecido poca cosa y lo quieres completar con otro, con lo cual lo único que consigues es que ambos pierdan valor. Un solo regalo, pero convencido de él. Le recomiendo que utilice la misma norma: quéjese de una sola cosa, incluso indignado, si le parece oportuno, pero no añada reclamaciones de aluvión. “No están todos los extintores señalizados”; es decir, que hay algún extintor que no está señalizado. Vale, no digo yo que sea lo óptimo, pero ¿es tan grave? Entiendo que las esperas en un hospital aburren a las piedras y, como no te dejan ni fumar, uno acaba inspeccionando extintores, y puede que encuentre alguno sin la preceptiva señal, pero tampoco es como para poner el grito en el cielo.

Dice que “hay consultas” (¿muchas o sólo alguna?) que sólo tienen un sillón y una papelera. Ya, ¿y qué? A lo mejor son consultas psiquiátricas, y en ese caso, ¿qué quiere usted que tengan? ¿Un acelerador de partículas? Ah, y que cuesta salir del aparcamiento. Caramba, no me parece tan terrible. Como tampoco me parece insoportable que se retrase unas horas el alta o que vayan limpiando la habitación. Si le digo la verdad, lo único que me resulta extraño es que haya un solo cardiólogo y que no esté disponible.

Hay que quejarse, pero hay que hacerlo lo mejor posible. Que no venga el cardiólogo cuando lo reclama su cuñado puede ser motivo de queja, aunque tiene que reconocer que, si luego le dieron el alta, no debía de ser tan grave, ¿no? Como fuere, quéjese de eso muy a su sabor, vale, pero entonces ¿qué pintan aquí esos extintores que le convierten en un tiquismiquis y le quitan fuerza? Es un consejo literario, amigo. Por lo demás, espero que su cuñado se mejore pronto.