Carta con respuesta

Gordos felices

Los científicos confirman lo que ya lo decían las abuelas: "Desayuna como rey, almuerza como príncipe y cena como mendigo". La mejor forma de perder peso y mantenerse delgado es un desayuno rico en carbohidratos y proteínas, seguido de una dieta de bajas calorías durante el resto del día. Estudios previos ya han demostrado que, aunque los desayunos ligeros son una buena herramienta para perder peso rápidamente, la gente al poco tiempo vuelve a aumentar de peso. El estudio, presentado durante la conferencia anual de la Sociedad de Endocrinología de Estados Unidos, mostró que, después de varios meses, las mujeres obesas que ingirieron la mitad de su consumo diario de calorías en el desayuno perdieron más peso que las que consumieron mucho menos. Esto se debe, afirman los investigadores, a que a diferencia de lo que se cree comúnmente, desayunar poco aumenta el ansia de comida.

DOMINGO MARTÍNEZ MADRID BAÑOS DE VALDEARADOS (BURGOS)

No deja de sorprenderme lo poco que deben de tener que hacer los científicos, a la vista de las cosas tan peregrinas que se dedican a "demostrar". A mí la fe en eso que llaman "desayuno fuerte" me parece una superstición. Sólo la avaricia me ha inducido alguna vez a la gula y a comerme unos huevos fritos por la mañana, en alguno de esos buffets de los hoteles: total, como ya está pagado. Nada hay más vomitivo que el espectáculo de un comedor de hotel por la mañana, repleto de tragaldabas engullendo panceta y trozos de queso (supongo que sólo por hacer gasto). Como se preguntaba hace poco Alejandro Gándara: ¿a dónde diablos irán esas almas de cántaro, a esas horas, con dos huevos duros en la tripa?

A mí a las cinco de la mañana sólo me apetece café y una tostada. Almuerzo más tarde, a las nueve o diez, con una caña y un pincho de tortilla. Luego como, duermo la siesta, meriendo y ceno. Puede que engorde, pero me importa un rábano. No me resigno a que el único propósito de la existencia sea, como parece hoy en día, "perder peso y mantenerse delgado". Sé que los científicos han demostrado lo contrario y que mi opinión es un disparate, pero estoy convencido de que se puede estar gordo y ser feliz. Una de mis hermanas ha cumplido ya los cuarenta sin llegar a tener nunca ni báscula ni despertador ni móvil: me parece un ejemplo a seguir.

Se puede, pero con una sola condición: que nos dejen en paz. No sé usted, pero yo estoy harto de índices de masa corporal, de dietas del pomelo, de mujeres que beben cinco vasos de agua en ayunas y de estudios que "demuestran" lo saludable que es la remolacha cruda siempre que se mastique doce veces. ¿Por qué no nos preocupamos más por la celulitis moral, la obesidad intelectual y esos michelines que nos están saliendo en el alma?