Zapatero en Azores

Parece ser que, finalmente, Francia cederá uno de los dos sillones que le corresponden en la próxima cumbre del 15 de noviembre. La solución no es mala, pero tampoco es la más deseable. Independientemente de que España forme o no parte del G-7 o del G-20, su presencia es obligada. Aunque todos sabemos que eso de “refundar” el capitalismo es una frase grandilocuente, y que la cumbre de Washington no será sino el principio de una serie de reuniones, que de momento están lejos de parecerse a Bretton Woods (donde se crearon el FMI y el BM), desde luego que va a ser un encuentro de vital importancia. Si tenemos en cuenta la salud y la influencia del sistema financiero español en la actualidad, resultaba casi ridículo excluir a España, pues sin su concurso buena parte de los acuerdos encontrarían dificultades posteriores para llevarse a la práctica.

ENRIQUE LASO MADRID

No sé muy bien para qué se reúnen en Washington; dizque para “refundar el capitalismo”.  En ese caso, ¿no sería más importante que estuvieran presentes las víctimas, es decir, los países del Tercer Mundo? ¿España? Bueno, vale, pero me parece mucho más urgente que las decisiones las tomen aquellos a quienes les afectan: Asia, Latinoamérica, África… ¿Por qué no reclama eso Zapatero, en lugar de patalear sólo por su propia silla? ¿No sería mejor denunciar las políticas del FMI y del BM y proponer otro orden económico internacional, en el cual lo de menos sería que España saliera en la foto? ¿Por qué narices considera usted obligado que esté presente España y no, por ejemplo, el Congo?

Aparte de las ganas de figurar y el patriotismo provinciano, lo que nos preguntamos (los cuatro menguados de siempre) es, en concreto, ¿por qué siente Zapatero una necesidad tan imperiosa de figurar entre los grandes? ¿Qué es eso tan importante que va a decir y que el mundo no puede pasarse sin escuchar? ¿Acaso va a revelar la fórmula mágica que sólo él conoce para conseguir la tasa de paro más baja de Europa, por ejemplo? ¿Tal vez entregará muestras de su bálsamo de Fierabrás para lograr el mejor sistema educativo que vieron los siglos? ¿Por qué es (para el universo mundo, no para él y nuestro orgullo patriótico) tan indispensable su presencia?

Esta terquedad pueril por codearse con los grandes y poderosos recuerda demasiado a cierto predecesor suyo, que, con tal de salir en una foto en las Azores, se apuntaba a un bombardeo.