Tocamos fondo

En vísperas de las elecciones sindicales, el fundador de CCOO, Marcelino Camacho, acaba de declarar que su actual presidente no es de izquierdas. Pero Fidalgo tampoco es ‘conservador’ del nivel de vida de los trabajadores, incluso en esta crisis, en la que su inoperancia es demasiado elocuente. Quien no entienda de estadísticas o desconfíe de su manipulación puede darse cuenta de que las manifestaciones anuales de CCOO son cada vez más reducidas. También puede observar cómo en sus apariciones públicas, incluso por televisión, y a pesar de ser médico, insiste en fumar ostentosamente despreciando a cuantos –me consta– le han advertido sobre ello. ¿Cómo puede esperarse que se preocupe de la salud laboral de los trabajadores afiliados quien se ríe de la de todos? También por el humo se sabe dónde está Fidalgo.

 

MARÍA JOSÉ TÉLLEZ DE DIEGO MADRID

Acabáramos: Fidalgo fuma. A mí me parece que estamos tocando fondo en el cretinismo: no pasa un día sin que alguien se escandalice con el reglamentario “¡ay va lo que ha dicho!”. Que si uno llama tontos a los votantes del PP, que si otro insulta a los antitaurinos, que si otra se ríe de lo de los adoquines y la hierba, que si el de más allá agravia a los nacionalistas, que si el otro ultraja a la boina, a la fe o a los macarrones con tomate… ¡Aquí ya no se puede abrir la boca! Ni siquiera para echarse un cigarrito.

Vamos a ver, señora: si a mí me dan un consejo y no hago ni caso, puede que desprecie el consejo, pero ¿eso quiere decir que desprecie a quien me lo ha dado? Jamás había oído algo tan totalitario: un consejo es una orden y, si no obedeces, estás insultando a esas santas y buenas gentes que quieren salvarte de tus propios vicios. Da miedo, oiga. ¿Y qué es fumar “ostentosamente”? ¿Debería al menos fumar avergonzado, con gesto de dolor y sincera humildad de penitente? ¿Y el pobre Fidalgo, por fumar, resulta que “se ríe de la salud de todos”? Pues entonces hay bastante guasa en todo el país, donde un alto porcentaje fumamos, sin duda, sólo por fastidiar y para soltar unas cuantas carcajadas malévolas a cuenta de la salud ajena.

¿Laicismo? No sé si va a ser posible. El fanatismo religioso está demasiado extendido en España. La prueba es ese desordenado e incontrolable apetito de llevar razón y de imponérsela a los otros, la pasión por salvar a los demás de sí mismos y esa ridícula obsesión por llamarse a agravio usando sin parar la tecla de rellamada automática.