Uno cada dos días

Leo en su periódico que Rodríguez Zapatero destaca que cada dos días se detiene a un etarra. No estoy muy ducho en materia antiterrorista, pero me parece difícil que ETA tenga a tantos miembros en activo actualmente. Así que sigo leyendo y más abajo encuentro que el presidente, en realidad, habla de 365 presuntos etarras, lo que cambia sustancialmente las cosas. Pero, a renglón seguido, la noticia vuelve a referirse a 365 miembros de ETA, es decir, 365 personas juzgadas y condenadas por delitos de terrorismo. Estaría bien que nos informaran sobre cuántos de esos 365 sospechosos de pertenencia o colaboración con banda armada son finalmente declarados culpables. Aunque temo que esos términos, sospechoso y culpable, cada vez más nos parecen sinónimos. Si aparece la palabra terrorista, todo desacuerdo con la información o con la opinión se interpreta como peligrosa justificación de la violencia. O sea: o conmigo, o contra mí.

 

FERNANDO LAVIANA MARTÍNEZ SEVILLA

En el paseo por el periódico tropezamos los dos en la misma piedra: también me quedé atónito ante ese titular. Lo primero que pensé fue en Uribe, ese campeón de la democracia. Otro que tal baila, me dije, porque acababa de leer que el presidente de Colombia presume de detener a ocho guerrilleros diarios.

La jactancia de Zapatero se basaba en dos cosas, a cual más entristecedora. Una, como usted señala, en eliminar la presunción de inocencia: acusar a 365 personas de algo es ya lo mismo que condenar a 365 culpables. Otra (complementaria), la perversión de la lucha contra el terrorismo mediante la célebre “teoría del entorno”. En 2007 se celebraron 59 juicios contra 178 personas. 52 de ellas fueron condenadas en el sumario del caso Ekin. En total, ¿cuántos son condenados por pertenencia a una banda armada y cuántos por escribir un artículo o algo así, sin tener más relación con ETA? No he logrado encontrar datos: la “teoría del entorno” consiste en que da lo mismo. Es complementaria porque sirve, entre otras cosas, para eliminar la presunción de inocencia. Cualquiera, incluso sin saberlo, puede formar parte de un “entorno”: basta una acción legal, pero que coincida con los fines de una banda ilegal.

Así estamos: para luchar contra el terrorismo hay que firmar un cheque en blanco al Gobierno. Si no, ya pasas a formar parte de ese difuso y voraz “entorno” que va absorbiendo a cualquiera que no admita que vale todo. Un poco de miedo sí que da, para qué negarlo.