Plan premeditado

Que algunos jóvenes encuentren en las fiestas navideñas la excusa para hacer un botellón me parece una pésima costumbre. Que estos jóvenes no encuentren ninguna actividad de ocio más placentera que organizar botellones demuestra lo descontrolados que andan y la poca imaginación que tienen para divertirse. Que esos botellones dejen el espacio público donde se realizan como un estercolero lleno de plásticos, vasos, botellas, vomitonas y meadas, me parece un acto incívico, salvaje y bochornoso.

PEDRO SERRANO MARTÍNEZ VALLADOLID

Lejos de mí la funesta manía de defender a los jóvenes: ¡allá se las compongan, no te fastidia! Sin embargo, de la atenta lectura de su instructiva carta saco la conclusión de que usted debe de salir poco de casa: ¿nunca ha asistido a una cena navideña de empresa? ¿Jamás ha estado presente en una despedida de soltero? ¿No le han invitado en su vida a celebrar una Nochevieja con personas mayores en edad, dignidad y gobierno?

Se lo pregunto porque esa “imaginación para divertirse” de los adultos es quizá incluso más limitada que la de los jóvenes de su carta. Estos ojos que se ha de comer la tierra han visto a padres de familia y augustas matronas bailando la conga con “la mané en el culé del compañeré”; a jefes de Sección con lengua estropajosa abalanzarse sobre secretarias bilingües; a dignos abuelos con las canas despeinadas, piripis perdidos y contando chistes verdes; a la novia y sus amigas, ebrias “de trementina y largos besos” (sería), luciendo diademas con enormes pililas de goma y la ropa interior por fuera… en fin, cuento y no acabo. En cuanto a manchar, igual manchan los más talluditos, si bien (por timidez, por frío o por comodidad) suelen hacerlo en interiores.

¿Las navidades como excusa para el “don de la ebriedad”? Por qué no, cualquiera sirve y, lo que es peor, puede que ni siquiera lo sea; puede que la juventud cuente con un programa premeditado, como el que le detallaba en una carta el poeta (tan joven) a su profesor de Retórica, Georges Izambard: “Maintenant, je m’encrapule le plus possible” (ahora mismo, me echo a perder todo lo que puedo). ¿Por qué, con qué propósito? Pues porque “il s’agit d’arriver à l’inconnu par le dérèglement de tous les sens” (se trata de alcanzar lo desconocido mediante el desorden de todos los sentidos). ¿Todos, todos, hasta el tacto? Ojalá, pero, más modestos, nosotros a menudo nos conformamos sólo con ver doble. Feliz año, por cierto.