Dicen las encuestas que los niños prefieren los Reyes a Papá Noel, aunque muchos se queden en la anécdota del exotismo montado a camello. En el recorrido de la vida son numerosos los acontecimientos que nos otorgan seguridad y paz espiritual: aquellos que nos demuestran que existe un Dios que vela por nosotros y tiene un proyecto de felicidad para cada uno. Fuera de esta certeza, no nos queda sino incertidumbre y temor. Hoy es un día grande, no porque sea diferente a los demás, sino porque tenemos la oportunidad de cambiar lo que no funciona (relaciones personales, ponernos en paz con Dios, arreglar situaciones que nos quitan el sueño). Por eso, le pedimos a los Reyes que cruzaron medio mundo para postrarse a los pies del que se hizo uno más entre los hombres, que nos hagan despertar del letargo amargo en el que vivimos sumergidos. Ellos, hoy más que entonces, son capaces de regalar ilusiones, como habitantes de un Cielo que dona sus gracias a quienes levantan su vista hacia él.

 

ISABEL PLANAS VALENCIA

Que exista o no un Dios a mí me trae sin cuidado. Por mí, como si se demuestra sin lugar a dudas que existe, en las selvas de Borneo (pongamos), una variedad desconocida de kiwi de poderoso efecto carminativo. Como suelo decir, si existiera un Dios, yo estaría en contra de él. En cuanto a ese kiwi que favorezca la expulsión de gases y alivie el meteorismo, aunque exista, no pienso probarlo, se lo
garantizo.

Ahora bien, que ese Dios o ese kiwi hayan concebido por su cuenta un amenazador “proyecto de felicidad” para mí, eso ya me inquieta, por no decir que me toca (bastante) las gónadas. ¿Un “proyecto de felicidad” unilateral, sin mi conocimiento ni mi consentimiento? ¡Hasta ahí podíamos llegar! Oiga, dónde se ha
visto eso, salvo en los maltratadores y tiranos en general (domésticos o públicos): tú no te preocupes, cariño, que te voy a hacer muy feliz, déjalo todo en mis manos, tú pórtate bien y ya verás cómo disfrutas, etc. ¡Vamos anda! Como para fiarse de un señor o de un kiwi que
ni te consulta sus planes para ti y decide él solo la felicidad que te conviene.

Muchas gracias, pero no, para mi (muy modesto) “proyecto de felicidad” ya me apaño, no necesito frutas de piel vellosa ni un Dios omnipotente. Y a los Reyes no les he pedido “ilusiones” (¡ni que fueran políticos!): quiero una botella de Bushmills, las Etimologías de San Isidoro en la BAC y un sacapuntas de manivela. Por si acaso.