El Ejército español no producirá daños colaterales a la manera del Ejército israelí y norteamericano. Deberá respetar la cultura y las costumbres de la zona, no herir susceptibilidades de la población local y proteger los bienes culturales y los edificios religiosos. Aunque una cosa es la intención y otra distinta la realidad. Carme Chacón ha sido criticada por cierta prensa conservadora, que saca pelos a una calavera, por ir vestida con esmoquin. La ministra, sin embargo, estuvo muy bien en su papel, tanto por su aspecto como por lo que dijo. Si consigue dotar de más medios al Ejército, con menos presupuesto pero mejor gestionado, debería dar clases de ahorro a los demás ministros para que apliquen el método a sus ministerios.

 

ANTONIO NADAL PERÍA ZARAGOZA

A mí me parece digno de aplauso, si bien algo chiripitifláutico, que el Ejército necesite un “código ético”. A mi (insensato, pero algo kantiano) modo de ver, eso prueba cuál es su verdadera naturaleza. ¿Quiénes “se dotan” (como se dice ahora) de sus propios códigos éticos? Quienes lo necesitan, porque, dada su naturaleza, la ética común no les vale. Las empresas. Los bancos. Los periódicos. La mafia, que tiene sus propios códigos de honor. Los reclusos y delincuentes. Los altos cargos. Etc. La mafia, por ejemplo, como las empresas, no comparte la ética común a todos (por lo tanto: carece de ética, pues esta sólo es concebible si es común a todos). Así que va, coge, agarra y “se dota” de su propio código ético. Seremos mafiosos, sí, pero honrados: tenemos nuestra ética, una ética particular, qué pasa.

Un código ético particular (ja, ja), aplicable sólo en las cárceles, entre mafiosos, en los cuarteles, etc., no es más que la admisión pública de que se carece de ética. Ya era hora de que el Ejército “se dotara” también de su código ético privado, como la mafia, los altos cargos o los empresarios (perdón por la redundancia).

En cuanto al pase de modelos, no me atrevo a hablar. El empeño de algunas ministras y su vicepresidenta por llamar la atención sobre su indumentaria sólo es comparable al de Marichalar y sus patéticos escarpines. ¿Será para distraernos y que no miremos otras cosas? Pero, ¿para qué decir nada? Si criticas a Israel eres antisemita. Si criticas la alta costura del Gabinete, eres un malvado machista o un recalcitrante derechista. De las pulseritas de Aznar, en cambio, sí te puedes reír y es saludable: para eso es tío y de derechas.