La risa delincuente

Me gustaría decir que seguimos siendo un país muy poco desarrollado, ya que me parece de pena que se critique a Carme Chacón por la ropa que se ponga o no se ponga y no se la juzgue por su labor. Yo, como mujer, me siento indignada por los comentarios, me río de la igualdad, seguimos siendo un país machista y no creo que lo solucionemos tan fácilmente. Sólo me queda mandarle mi gran apoyo a la ministra y que siga así, luchando por sus ideas. Un saludo.

PILAR LÓPEZ MARIJUAN MADRID

Pues si tanto le gustaría, dígalo, mujer, pero qué pesadez, oiga. La gente, en su maldad, se ríe de los escarpines de Marichalar. Se ríe también, a mandíbula batiente, del sombrero tejano, las pulseras y el bigote de Aznar. Se ríen los muy malévolos del peinado en forma de ensaimada de Anasagasti. Sin compasión, también soltaban la carcajada ante Inocencio Arias, al que le dio por dar la nota con una pajarita. Se ríen sin piedad del bastón de Antonio Gala, de las botas de Bush, del torso desnudo de Putin, del chándal de Fidel Castro, de los tirantes de Fraga, de las felipistas cazadoras de cuero con las que los del PSOE se disfrazan en los mítines o de que Miguel Sebastián vaya sin corbata al Congreso. Y no pasa nada. Son todos tíos, qué casualidad: del aspecto de los tíos sí que vale reírse.

Y yo, como hombre, no me siento nada indignado. Qué le vamos a hacer: se conoce que no tengo ni la más mínima sensibilidad. Es más, también me río. Peor todavía: cuando me visto de forma llamativa, doy por hecho que se van a reír de mí (y me importa un rábano). Si pretendo que atiendan a lo que digo, procuro ir vestido de la forma más neutra posible: es así de simple. El intento deliberado de llamar aparatosamente la atención con la forma de vestir me parece patético y provocante a risa, qué le vamos a hacer.

Ahora, con golpes de pecho, por fin me doy cuenta que ser mujer es “una de las pocas cosas serias que aún se puede ser en esta vida” (como decían los falangistas de ser español). Pocas bromas con eso. Yo, pecador, confieso haber hecho algún chiste con los trajes de chaqueta de Esperanza Aguirre: cerdo machista. También me acuso, padre, de haberme reído de los modelitos de la vicepresidenta: sobre machista, facha, ¡chúpate ésa! Por mi culpa, por mi grandísima culpa. Cuando se trata de mujeres, hay que ponerse serios, impasible el ademán, porque, como diría el poeta (machista), toda “risa es, más que alegre, delincuente”.