De cabeza

No comparto la idea de que la historia del cine negro no podría entenderse sin el tabaco, a no ser que se refieran al color de los pulmones de los actores y actrices que fuman. Grandes escenas han estado ligadas a fumeteos inolvidables, pero también es cierto que han obedecido, entre otras razones, a intereses creados por la industria del tabaco. Sería interesante que la industria cinematográfica diera un salto certero hacia posiciones más saludables. Al menos, debería poner especial celo en vetar el tabaco en todas aquellas producciones que estén dirigidas al mundo adolescente, especialmente vulnerable frente a los mensajes que pueden incitar a iniciarse en hábitos nocivos.

 

JUAN CARLOS PÉREZ LÓPEZ BORMUJOS (SEVILLA)

Si en una película sale simplemente alguien fumando, ¿eso es “un mensaje que puede incitar a iniciarse en hábitos nocivos”? Y, según usted, habría que “vetarlo”, es decir, censurarlo. Es una idea con la que estoy algo familiarizado a través de las discusiones sobre el teatro en el Siglo de Oro. Su postura es conocida, es la de los clérigos más fanáticos, que sostenían (sostienen, por lo que veo) que el teatro o el cine deben ser educativos, una escuela de costumbres. Sólo puede salir un adúltero si, al final, recibe un castigo. Nada de desnudos ni cigarrillos. Y mucho decoro: los nobles deben hablar con toda corrección y vestir bien. Etc. ¿La realidad? Y qué naranjas importa la realidad: sólo se trata de adoctrinar a esa población que siempre es menor de edad.

A mí me parece una idea formidable: cuanto más pedagógica, decente y docente se vuelvan el cine, más recuperaremos el insensato, indispensable placer de leer y ver películas prohibidas. Circulará, como siempre ha ocurrido, todo lo censurado por la Inquisición religioso-sanitaria, leeremos a escondidas, como se debe leer: con placer culpable, con corazón alegre, sobresaltado e insurrecto, y para ir al infierno de cabeza. Aplaudo su iniciativa. Como diría Huck Finn: “All right, then, I’ll go to hell” (Vale, pues entonces iré al infierno).

Con respecto al tabaco, no le digo nada. Ya sabemos que es nocivo. De hecho, como argumenta Richard Klein, “muy pocas personas fumarían si el tabaco fuera realmente saludable”. Advertir del peligro, en realidad, sólo empuja a fumar, porque es un “placer negativo” (Kant), y por eso mismo es sublime. Lea, lápiz rojo en mano, antes de censurarlo, Los cigarrillos son sublimes, de Klein, se lo recomiendo.