Cambiar el espejo

Vivo en una zona de Los Realejos, donde, afortunadamente, sólo puedo sintonizar los canales de televisión de ámbito nacional: los dos canales de Televisión Española, la ‘telesensacionalista’, la ‘teleaquéjuego’, la ‘telebasura’, la ‘telepaleta’, la ‘teleparásito’ y la ‘telemonocolor’. En cualquier caso, aun reprobando el 80% de la programación de las televisiones nacionales, lo que realmente me cabrea es que la ‘telepaleta’, esa, la nuestra, la que pagamos todos los canarios, aumente cada día su endeudamiento a costa de una programación chabacana que provoca vergüenza ajena a propios y a extraños. Si las televisiones privadas quieren nutrirse una y mil veces de programas basura atestados de ‘frikis’ que sueñan con ser famosos, allá ellas con su conciencia y su dinero, pero lo que no podemos tolerar es que esto ocurra en las públicas, porque esas sí que las pagamos entre todos los contribuyentes.

TOMÁS JORGE PÉREZ LOS REALEJOS (TENERIFE)

Bueno, ¿por qué lo tolera entonces? La tele, con no verla, asunto arreglado. Lo que tampoco acabo de entender bien es por qué la toma con la tele. Al fin y al cabo, no es un tumor que surja de forma inexplicable y espontánea. A mí lo que me parecería raro es que la tele fuera buena. La tele que tenemos no es una mancha imprevista que nos hayan echado en la solapa; no es más que la consecuencia natural de la sociedad en que vivimos. Así que ¿qué esperaba?

Por eso me parece un poco estrambótico quejarse de los concursos de la tele, pero no de las campañas electorales. O quejarse del culto a la fama de la tele, pero no del que impregna el conjunto de la sociedad. O quejarse de la tele pública, pero no de cómo se forman los consejos de administración de las empresas públicas. O quejarse de que la tele reparta millones a unos tipos por hacer el payaso, pero no de lo que ganan los directivos de las empresas o los bancos.

A mí me da la impresión de que, al poner la tele, nos miramos al espejo: esta es la forma de vida que estamos construyendo. Cuando nos la enseñan en la pantalla, nos da vergüenza (aunque no tanta como para no ver la tele). ¿Solución? Cambiemos la tele y ya está. Vamos a comprar un espejo nuevo, en el que no se vean los michelines morales, ni esas celulitis que se nos está acumulando en la voluntad, ni cuánta barriga hemos echado en nuestro sentido moral. Con razón la mayoría de la gente miente y afirma que sólo ve los documentales de La 2: para no tener que mirarse al espejo.