Salvar pingüinos

Flexibilidad, esto es lo que receta Díaz Ferrán como solución a la salida de la crisis. El presidente de la patronal dice que no debemos temer al despido libre. Que sin él no se puede detener la pérdida de empleo. ¡Curiosa fórmula! Es como si apagáramos un fuego arrojándole una lata de gasolina. A mi modesto entender, a mayor inseguridad en el empleo, menor consumo y, como consecuencia, menor cantidad de dinero en circulación para reactivar la economía. Propongo una flexibilidad a la inversa. ¿Por qué no despedir a los empresarios marrulleros, a los banqueros especuladores y a los ejecutivos codiciosos que nos han metido en este berenjenal? ¿No sería más lícito nacionalizar su gestión financiera, que reúne todos los requisitos para un despido procedente? A la CEOE le preocupa que los sindicatos no entiendan su estrategia y den un “giro a la izquierda”. A mí, que soy carne proletaria, me anda preocupando justamente todo lo contrario.

 

ANA CUEVAS PASCUAL ZARAGOZA

Díaz Ferrán debe de ser homeópata. Ya sabe: para curar, nada mejor que una dosis de lo mismo que te hace daño. Contra el paro, despidos. Contra los petardos de Hamás, una masacre. Al fin y al cabo, como se decía antes, hay dos clases de enfermedades: las que se curan solas, y entonces ¿para qué ir al médico?; y las que no tienen cura, así que ¿para qué ir al médico? Quizá por eso Díaz Ferrán receta siempre aspirina, tengas lo que tengas. Flexibilidad, es decir: que los empresarios puedan hacer lo que les dé la gana.

La crisis que padecemos (nosotros) es culpa de los empresarios, ¿no es verdad? Su desordenada codicia ha hecho reventar el sistema financiero. Una cosa es que paguemos los platos rotos en ese dinero contante y sonante que les “inyectamos”. Otra cosa sería que fueran ellos los que nos dijeran lo que tenemos que hacer. Como decía Brecht, desde el punto de vista moral no hay diferencia entre atracar un banco y fundarlo. ¿Ahora vamos a dejarnos aconsejar por los atracadores?

¡Cómo se le pasa por la cabeza despedir a los “ejecutivos codiciosos”! ¿Es que hay otro tipo de ejecutivos? ¡Habría que echarlos a todos! Y sin ejecutivos, banqueros ni empresarios, ¿quién iba crear riqueza, empleo y bienestar para todos? ¿Quién iba sacrificarse y llevar corbatas de seda y comer sushi sin parar? Los patronos son como los pingüinos: se abren el pecho con el pico y se arrancan trozos de carne para darnos de comer. Démosles las gracias.