País de tuertos

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha aprovechado la manifestación del domingo día 12, celebrada en Madrid contra la guerra atroz emprendida por Israel en Gaza, para invitarnos a protestar también contra la dictadura castrista. El día en que el régimen cubano invada a otro pueblo soberano, le bombardee, destruyendo sus casas y arrasando sus campos, y nos lleguen noticias de que está causando miles de muertos y heridos entre la población civil, no le quepa la menor duda a la señora Aguirre de que muchos de nosotros saldremos a la calle para gritar en su contra con la misma determinación que ahora y la misma que tuvimos cuando protestamos por la ocupación de Irak.

 

ENRIQUE CHICOTE SERNA ARGANDA DEL REY (MADRID)

Hace poco en este periódico se preguntaba Pascual Serrano por qué Cuba obsesiona tanto a la derecha (y a los socialdemócratas). ¿Cómo es posible que les quite el sueño un país diminuto, sin apenas relevancia, sin poder económico ni militar? ¿Por qué se sienten tan amenazados? ¿Por qué, a estas alturas, sigue siendo indispensable insultar al Che, tanto para el PP como para los editoriales de El País? La respuesta salta a la vista, decía Pascual, “lo que molesta de la revolución cubana se puede expresar en una sola palabra: ejemplo”.

Cuando Obama dice “Yes we can”, ya sabemos que es pura retórica y que lo dice con la boca chica: no va a cambiar nada importante (que le pregunten a los palestinos, sin ir más lejos). Cuando Zapatero dice “No es lo mismo” o “Por el pleno empleo”; y Rajoy, “Con cabeza y corazón”, ya sabemos a qué atenernos, ¿verdad? En cambio Cuba lleva 50 años afirmando de hecho que “Otro mundo es posible”, que sí se puede, que no hay por qué resignarse y que vale la pena luchar por la justicia, la igualdad, la libertad y la dignidad. A pesar del bloqueo, a pesar de la violencia de Estados Unidos, a pesar de las histéricas protestas de Esperanza Aguirre y sus Cien Mil Hijos de San Luis.

Cuba resuena incesante en los oídos de los más pequeños: “Non serviam”, repite como un oleaje, les calienta la cabeza: es una tentación, un verdadero escándalo. Si Cuba hace caer a uno solo de estos pequeños que creen, que se resignan, que piensan que no hay remedio y que no se puede hacer nada, más valdría encasquetarle una piedra de molino y echar la isla entera al mar, ¿a que sí? Si Cuba te hace pecar o pensar, arráncate un ojo: mejor tuerto entre los explotadores que con dos ojos entre los explotados.