‘Redemptor noster’

En otros países, la lucha por la democracia (aquí tan pronto frenada tras 1976 y 1981) se ha concretado en lemas tales como “Sufragio efectivo. No reelección”. Lo del sufragio efectivo en España es de pena, ya que algunos votos valen hasta cuatro veces más que otros. Peor aún llevamos lo de la “no reelección”. Aquí no sólo se permite repetir una vez, como hacen otros países, sino indefinidamente, mientras aguante el cuerpo físico del gobernante y el cuerpo electoral de la ciudadanía. Por todo ello, ahora que Zapatero ha dicho que ya tiene “una idea” sobre si se presentará a su ‘requeteelección’, espero que nos dé un ejemplo de democracia y no intente perpetuarse en el poder como tantos otros imprescindibles. Más aún: le insto a que promueva la aprobación de una ley que limite los mandatos a un máximo de dos, dando prueba de que prefiere el bien de todos al suyo propio.

 

LUIS ESCOBAR HUERTA MADRID

Me parece que no lo ha entendido bien: debe de ser muy joven, porque a los de mi edad nos lo explicó ya Felipe González. Tras mostrarnos, como el viejo tahúr que por fin enseña la carta escondida en la manga, el principio básico de su “ética” (gato negro o gato blanco, lo importante es que cace ratones), aún recuerdo cuando nos reveló que él (o quizá Él) tuvo que renunciar a su libertad para que pudiéramos tenerla el resto de los españoles. Con un par. ¿Perpetuarse en el poder? Qué va, hombre: se había sacrificado por nosotros, por ese “bien de todos” al que usted se refiere.

En mi pandilla, que éramos un hatajo de pedantes malévolos (¡no hemos cambiado tanto!), nos acordamos de aquel verso de Góngora, en las Soledades, cuando habla de la muerte del macho cabrío que se comía los racimos de uvas y asegura que aquel cabrón “redimió con su muerte tantas vides”. Los que se perpetúan en el poder son esos dictadores como Chávez; en España lo que hay son mesiánicos redentores de vides como Chaves, el virrey vitalicio: altruistas que no tienen más remedio que “asumir responsabilidades”. Como decían los curas y en la Falange: “Manda quien sirve”.

Produjo en los comentaristas de la época verdadera repugnancia, cuando no escándalo, que Góngora se permitiera bromas con Jesucristo, que también redimió con su muerte muchas vidas. No menos repugnancia produciría ahora que nos burláramos del espíritu de sacrificio de nuestros políticos, así que ya sabe: lo hacen por nuestro bien y a ellos les duele más que a nosotros.