Carta con respuesta

Montañas nevadas

Pepiño Blanco ha dicho: "Me da igual que el autor intelectual del 11-M sea Bin Laden o su primo". Si a Pepiño le da igual, pienso que a la mayor parte del resto de españoles no, y no nos da igual porque han muerto 192 personas y han quedado heridas más de un millar. No nos da igual porque esperamos que no se vuelva a repetir.Tampoco nos da igual porque fue el PSOE quien nos sacó a la calle los días 12 y 13 de marzo porque "queríamos saber". Han pasado casi cuatro años y es lógico que los españoles continuemos queriendo saber. Por ello nos importa diferenciar si ha sido Bin Laden o si ha sido su primo. No es igual, Sr. Blanco, y no sea frívolo, pues es su partido quien tienen la responsabilidad de aclararlo.

DOMINGO MARTÍNEZ MADRID, Palamós (Girona)

Usted cree que J. D. Salinger es el autor intelectual del asesinato de John Lennon? Pues, como sabe, El guardián entre el centeno era el libro de cabecera de Mark David Chapman. ¿Y qué pasa con Goethe? Es bien sabido que su libro, Las cuitas del joven Werther, produjo una epidemia de suicidios. A la cárcel de cabeza también con Johann Wolfgang, el asesino (intelectual) múltiple. Si cometo fraude fiscal, ¿puedo implicar a Botín y a los Albertos como autores intelectuales? Si violo a una menor, ¿le puedo echar la culpa a Nabokov? Si alguien por fin decide solucionar el problema del hambre comiéndose a los hijos de los pobres, ¿será Jonathan Swift el autor intelectual? ¿Es Nietzsche el autor intelectual de los crímenes nazis? ¿Y Dios? ¿Cuántos crímenes se han cometido en nombre de Dios? Como autor intelectual, Dios debería estar condenado a cadena perpetua por asesinato en serie, ¿no le parece? En ese caso exigiría el cumplimiento íntegro de la pena y sin derecho a visitas vis a vis ni a tercer grado.

Por una vez, creo que José Blanco tiene toda la razón. Por cierto, ¿por qué le llama usted Pepiño, amigo Dominguete? ¿Sólo por incordiar? Yo al menos le he oído decir que no le agrada. Eso de autor intelectual es un disparate tan grande que con razón no figura en el Código Penal, un libro más o menos serio. Hay tipos delictivos como inducción al asesinato o apología del delito (aunque se requieren pruebas, claro), pero ni rastro de autor intelectual (algo de lo que, en cambio, se puede acusar sin pruebas, con la mayor frivolidad, a la manera de Aznar). El Código tampoco tipifica al baranda, el enreda o al malo maloso, conceptos parecidos por su valor jurídico.

Lo único frívolo, me parece, y torticero, es ese concepto de autor intelectual, que sin duda, como cree Aznar, debe de estar oculto en la sierra del Guadarrama, en algún campamento de la OJE, entre esas (nada lejanas, es verdad) montañas nevadas y banderas al viento.

RAFAEL REIG