Ni lo notarás

Se habla en casi todos los medios de comunicación de esos monstruos del deporte que se dedican a dar con más o menos acierto patadas a un balón, o lo que sea, pero ¿qué me dicen de otro deporte que se práctica desde su base, como pudiera ser la gimnasia rítmica? Soy el orgulloso padre de la campeona de la Copa de Andalucía. Iris se llama. Creo que un poco de publicidad en su periódico para este deporte no vendría mal.

JOSÉ CASERO HURTADO MÁLAGA

Como (orgulloso) padre, le comprendo: mi hija Ana cumplió ayer diez años y ha sido subcampeona de ajedrez en el torneo del distrito. ¿Con qué resultado? ¡Conspiración de silencio al canto! Ya se sabe: no interesa que se conozca, no sólo la heroica gesta de mi Anusca, sino en general el ajedrez, un deporte del que apenas se habla, no se retransmiten partidas y ni siquiera el PP (que se apunta a un bombardeo) lo considera “de interés nacional”.

De todas formas, leyendo su carta, me doy cuenta de que no serviría para nada. Vamos a ver: estamos de fútbol hasta la coronilla, nos lo inyectan en vena sin parar a través de la prensa, la tele y la radio, y todo ¿para qué? ¿Sirve de algo? A la vista está que no: usted ni siquiera está seguro de con qué se juega al fútbol. Con “un balón o lo que sea”, dice. ¿Pues con qué se imagina entonces que juegan, alma de Dios? ¿Con un globo terráqueo, con una vejiga de cordero hinchada, con un condón lleno de agua mineral? Mírese a sí mismo: de nada vale la información. Usted afirma que “un poco de publicidad no vendría mal”, pero es evidente que, por mucha publicidad que se haga, resultará inútil: siempre habrá tipos como usted y como yo, impermeables, a los que la publicidad nos resbala y no traspasa, porque estamos dotados de unos entendimientos-Evax o céfalo-Tampax, esos cerebros-compresa que nunca se mueven, no dejan pasar una gota y hasta nos podemos meter en la piscina con ellos sin que se note. Para esos días especiales, nosotros tenemos unos cerebros que hasta nos olvidamos de que los llevamos puestos, mientras nos preguntamos, con entusiasmo alelado y sonrisa de querubín, a qué cojones huelen las cosas que no huelen.

Consolémonos, amigo. Si, a pesar de la hemorragia futbolística en los medios, quedan tipos como nosotros, que no saben lo que es un gol, un balón o un córner, ¿de qué serviría que dieran más información sobre los deportes de Iris o Anusca? ¿Para qué otro esfuerzo inútil? Allá ellos: ¡no saben lo que se pierden!