A sus órdenes

En relación a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, una vez más, y tantas veces como sea necesario, habrá que recordar que el Estado, y especialmente el Estado democrático y de Derecho, es incompetente en la formación de la conciencia y el alma de los ciudadanos, independientemente de lo que diga el Supremo. Ni los escolares pertenecen al Estado en materia educativa, ni puede violarse el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones morales y religiosas. La Iglesia enseña que todos los ciudadanos tienen el derecho y el deber de tomar parte activa en la promoción del bien común. Pero esta misión no puede ser diseñada por las instituciones políticas del Estado. Por esta razón, podemos decir: “Ciudadanía sí, pero no así”.

 

VALENTÍN ABELENDA CARRILLO SALT (GIRONA)

Es formidable, oiga. Una vez más (y las que haga falta), usted nos recuerda a todos que ya ha declarado por su cuenta al Estado incompetente. Lo ha hecho desde su propio domicilio en Salt. Esta orden gerundense es tajante y no admite réplica: el Estado es incompetente para la formación. Punto redondo: lo dice usted, don Valentín. Y por supuesto lo que digan los demás importa un huevo y la yema del otro: ni el Tribunal Supremo, ni la ONU, ni el propio Jesucristo aunque volviera a la tierra sólo para eso tendrían derecho siquiera a opinar. Si usted dice una cosa, el Supremo, el Constitucional o la NASA ya pueden decir misa. ¿El Supremo? Pues le va a oír el Supremo ese: ¡no sabe con quién está hablando!

Con el debido respeto a persona de tanta autoridad, carácter y aplomo, me atrevo a suplicarle: oiga, don Valentín, ¿por qué uno usa sus superpoderes más a menudo? Me explico: ¿no podía, con toda facilidad, dictar una de sus órdenes ejecutivas gerundenses e imponer la paz en Palestina? Diga lo que diga Israel, Hamás o el sursuncorda. Mande un telegrama y asunto concluido: “ALTO EL FUEGO STOP ORDEN DESDE SALT STOP”.

¿Y qué me dice de la crisis? Eso ¿no lo arreglaba usted con una simple llamada? ¿Está la crisis? Pues que se ponga, dígale que la llaman desde Salt. Crisis, se acabó la tontería, ¿me oyes? Cambio y corto. ¿Y el Congo, la pobreza, el terrorismo o el cambio climático? Teniendo como tiene usted más criterio, autoridad e influencia que el Supremo, el Parlamento y el Vaticano juntos, ¿por qué se limita a poner orden en un asunto tan insignificante en lugar de enderezar el universo mundo?