Y un jamón

No me resisto a comentar que la aplicación de la eutanasia constituye una gran falta de madurez interior, tanto en los que la defienden, como en los que la practican. La vida, aunque esté deteriorada, es el mejor don que hemos recibido, y su dignidad está por encima de cansancios, dolores e inmovilidades. Habría que animar, confortar, enseñar a estas personas a tener convicciones firmes, como muchas otras que, padeciendo las mismas enfermedades, son un ejemplo de fortaleza. Y se tienen convicciones firmes al aprender lo trascendente de la vida, aceptando las normas morales o mandamientos del creador.

 

PEPITA TABOADA JAÉN MÁLAGA

No entiendo ni patata, lo siento: debo de ser un inmaduro (interior). “La vida es el mejor don que hemos recibido”: ¿qué significa eso? Si se trata de un regalo, para recibirlo, ya tenemos que estar allí, ¿no le parece? Si no, ¿quién rayos lo recibe? ¿El conserje? Esa frase no tiene sentido, admítalo: si la vida fuera un regalo, ¿a quién se le hace? Salvo que lo que usted quiera decir es: la vida de los demás es el mejor regalo que nos hacen. Eso, al menos, se entiende: ¡menos mal que no estoy solo y hay otros! ¡Menudo regalo: mejor que el microscopio, el reloj o la colección de sellos! Si no se refiere a la vida de los otros, su afirmación es absurda: para que me hagan a mí un regalo, ¿no tendré que estar vivo? ¿O la vida es como una de esas canastillas que se preparan para el que va a nacer?

Salvador Dalí (ese pintor mediocre y gran escritor) contaba que, cuando se fue de casa, se masturbó, metió su propio esperma en un sobre y se lo envió a su padre, el notario, con una carta que decía: “Ya no te debo nada”. A mí no me parece mala idea: si usted concibe la vida como un soborno, un regalo que trae aparejadas obligaciones, el clásico jamón que te envían para que apruebes a uno, lo mejor que puede hacer es devolverla y decirle al que se la ha mandado que se equivoca: no aceptamos chantajes. Si es un regalo, haré lo que me dé la gana. ¿Convicciones firmes? Más firmeza habrá que tener para rechazar el jamón de jabugo, ¿no le parece?

En cuanto a la eutanasia, desde luego defiendo el derecho de cada uno a decidir sobre su muerte. Faltaría más. Si mañana me quiero tirar por un puente, ya lo decidiré yo. Francamente, que sobre mi muerte decida Pepita Taboada, una señora de Málaga, me parece un disparate. Incluso que opine: a usted ¿quién le ha dado vela en este entierro?