Miénteme

Hace unos días mantuve una larga sesión con un grupo de alumnos de 3º de ESO sobre la necesidad de vivir el pudor. La clase duró casi una hora pero valió la pena. Llegamos a algunas conclusiones: que quien viste provocativamente pretende ser apreciado por lo que su cuerpo ofrece a los demás y no tanto por quién es. Esto significa rebajar a la persona a un simple objeto de placer. El pudor en el vestir nace de la intención de ser amado/a y apreciado/a, por lo que la persona es y no por lo que ofrece su temporal belleza física. La persona que viste con pudor es más hermosa. El pudor es una torre de defensa para la fidelidad. Es un muro protector que nos resguarda más de lo que podamos imaginar. El pudor no es temor a la desnudez, es respeto al cuerpo que Dios nos dio. Acabé con la idea de no haber perdido la clase, y es que, cuando a los jóvenes se les ayuda a reflexionar, casi siempre lo hacen bien.

 

JESÚS D. MEZ MADRID GIRONA

Hay que ver qué santa, qué inmensa paciencia tienen los escolares, ¡y luego hablan de Educación para la Ciudadanía! A mí (o a mi edad) me basta en general con que me quieran: mejor no preguntar por qué. Ella sabrá (o tampoco, como no sé yo por qué la quiero). Y muchas veces ni siquiera resulta indispensable: “Miénteme, dime que me quieres”, como le pedía Johnny Guitar a Joan Crawford.

Tampoco sé qué es lo que soy, aparte de lo que vean los otros en mí y lo que les ofrezco. Como Juan Benet, también me pregunto a menudo: “Si no fuera por los demás, ¿qué sabríamos de nosotros mismos?”. En el fondo, lo más revelador es una máscara, porque pone al descubierto, no lo que uno es, sino lo que quiere parecer: su deseo escondido. ¿Hay algo más íntimo y verdadero? En cuanto al pudor, es lo contrario que la buena salud: jamás lo echas de menos cuando lo pierdes. Sin embargo, es indispensable tenerlo para poder librarse de él como quien por fin se olvida una sortija al borde de un lavabo.

La expresión “un simple objeto de placer” me suena tan chiripitifláutica como “un simple logaritmo neperiano” o “una simple escalada al Annapurna”. ¿Pensará vuestra merced que el placer es simple y está al alcance de cualquiera? Ser deseado así, sólo por placer, es una las emociones más resplandecientes que cualquiera puede sentir en la vida: yo se lo recomiendo a todos los escolares. Ser objeto de placer para otra persona es lo único que te reconcilia contigo mismo: todo un aprendizaje.