Carta con respuesta

La última neurona

Bochorno es lo que sentí al ver que también vais a hablar de Madeleine. La publicidad del "es diferente" me engañó para que hoy volviera a comprar prensa, a comprar ‘Público’. ¿En serio creen que a los que nos sentimos "diferentes" nos interesa el tema de Madeleine? Siguen los intereses del resto de medios y de las agencias de información, y además incluyen la noticia en la sección de Mundo como si fuera un asunto igual de trascendental que el conflicto Israel-Palestina. No me representáis a mí ni a otros muchos jóvenes de izquierdas.

BASILIO POZO DURÁN, Granada

El tratamiento de la noticia en Público, por Trinidad Deiros, fue muy diferente a los demás periódicos: aprovechó la ocasión para informar sobre Marruecos. A pesar de eso, me hago preguntas parecidas y otras más: ¿no tenía nada mejor que hacer Rubalcaba, el ministro que no recibió a los padres de otro niño perdido como Jeremy? El Papa, como cabeza rectora de una organización privada (aunque alimentada con fondos públicos hasta la indigestión), puede hacer con su tiempo lo que mejor le parezca, pero nuestro ministro, cuyo sueldo pagamos nosotros, es responsable: debe responder ante nosotros de lo que hace con su tiempo. Así que o bien debería encontrar tiempo para recibir también a los padres de los niños perdidos pobres o debería excusarse de recibir sólo a los padres de clase acomodada, como los de Madeleine.

Es verdad que el tratamiento periodístico del caso ha sido sensacionalista e irresponsable, sin respeto a la presunción de inocencia. Además, ¿merece tantas páginas y tanto protagonismo? ¿Merece saltar de las páginas de sucesos a las portadas? A mí me parece que no, aunque sin duda tiene interés (quizá morboso) para una gran mayoría de lectores (quizá también para mí, aunque no para usted, Basilio). La prensa debería haber utilizado una segunda circunvolución cerebral o esa indispensable neurona extra que es como el mechero: aunque la buscamos, a menudo no aparece por ninguna parte, ni siquiera en el último cajón ni en el último bolsillo. Es decir, deberíamos haber reflexionado sobre la causa de ese interés (sin duda morboso) en determinados sucesos.

Además de preguntarnos qué le pasó a la niña, nos tendríamos que preguntar qué nos pasa a nosotros para que esa noticia despierte tanto interés. No sé si los padres son culpables, pero sí sospecho que nosotros no somos inocentes, ni los periodistas ni los lectores, cuando nos rendimos sin condiciones a una noticia así. El protagonismo de Madeleine es un síntoma, Basilio, de algo que no funciona en la prensa, de acuerdo; pero tampoco en el resto de la sociedad. Salvo en jóvenes izquierdistas, claro.

RAFAEL REIG