Viva la música

Como mucha gente, diariamente he de coger el transporte público para ir al trabajo, en concreto, el metro. Cada día la misma rutina, hasta que hace unos meses descubrí la manera que tienen algunos de hacer el trayecto más corto. Unos leen libros o periódicos, otros escuchan música con su mp3, otros, simplemente, observan el trayecto y otros utilizan el móvil como radiocasete, deleitando a todo el vagón con música de lo más vulgar. Resulta de lo más incomodo escuchar música –que casualmente nunca gusta– cada vez que coges el metro. Personalmente, creo que debería prohíbirse, ya que es una falta de respeto hacia todos los pasajeros. No creo que debamos escuchar música cuando no nos apetece. Pero, como muchas cosas, seguirá presente, así que sólo queda acostumbrarse.

 

SONIA JEREZ MOLINA SANT ADRIÀ DE BESÒS (BARCELONA)

Lo malo no es que haya cuatro desaprensivos que te obliguen a escuchar música en espacios públicos; lo peor es que las propias autoridades, personas mayores en edad, dignidad y gobierno, hacen lo mismo. Si los que van en coche oficial te ponen música a la fuerza hasta en los trenes, ¿qué podemos esperar de cuatro granujas que viajan en metro? ¿Cómo se les va a ocurrir a esos infelices que están molestando a alguien, cuando son testigos de que la audición musical es forzosa si llamas por teléfono, en las salas de espera, en los ascensores y me imagino que hasta en las prisiones (salvo tal vez en celdas de aislamiento).

A mí me da igual que me obliguen a escuchar la “música más vulgar” o el más sublime cuarteto de cuerda de Mozart. No me da la gana. ¿Acaso me pongo yo a leer en voz alta un libro de Galdós, para instrucción y deleite del resto de los pasajeros?

El espacio público es en el que más respetuosos deberíamos ser, porque lo compartimos con todos los demás. Sin embargo, la noción que prevalece es la contraria: por ser público, cada uno puede hacer lo que le dé la gana. ¿Qué otra cosa cabía esperar, si vivimos en ciudades, como es el caso de Madrid, en las que el alcalde puede poner a su antojo anuncios hasta en los autobuses, vacas de colores, chirimbolos y hasta un canal de tele publicitaria en los andenes del metro? Ante la insultante falta de respeto que muestran sin parar los poderosos, la pobre gente no hacemos más que tomar ejemplo. Tiene razón: más vale acostumbrarse, tenemos música para rato. Y botellón y ruido y basura en la calle y tunas y procesiones con capirotes… ¿sigo?