La amistad es bella

Leo con estupor la noticia de que el director general del Liceo de Barcelona, el socialista Joan Francesc Marco, ha nombrado un Consejo asesor cuyos miembros cobran 1.000 euros por reunión (obvio indagar el sistema de elección) para que le ayude con la programación de la temporada. Si no se cree capacitado para cumplir el trabajo para el que se le ha nombrado y por el que cobra un buen sueldo, que abandone el cargo a otro que sepa, como en todos los teatros del mundo. O sobra él o sobran los consejeros.

 

JUAN ANTONIO DEL CERRO LEÓN BARCELONA

No había leído nada, pero ahora lo he leído. ¡No iba a hacer él mismo la programación! Total, sólo son nueve personas, y si cobran (como dice usted) mil eurillos cada una: pues son 9.000. Tienen previsto reunirse, en principio, una vez al trimestre, así que salen unos 36.000 euros de nada que el señor este, don Joan, ha decidido repartir para que le asesoren nada menos que un filólogo y otro tipo que dice ser músico y pedagogo, por si acaso. No para ahí la cosa, leo en la prensa que “está previsto que se creen subcomisiones de trabajo para abordar temas concretos” (y me imagino que también estará previsto que esas cruciales reuniones también se remuneren). Y la única función de estos paniaguados será, según la prensa, “asesorar al director a fin de ayudar a mejorar la oferta liceística”. O sea, nada entre dos platos: ¡todo esto para la programación de un teatro! Formidable. Este tipo, don Joan, es un fuera de serie, no me cabe duda: no le pierda de vista. ¿Se imagina la cantidad de buenos amigos y estómagos agradecidos que se estará haciendo?

La amistad es lo primero. A mí, por ejemplo, no me disgustaría nada ser asesor de cuatro o cinco capitostes generosos de estos. Hasta al “órgano asesor del coliseo operístico” me apuntaba de cabeza. Una reunión de vez en cuando, supongo que con comida pagada en una de esas fondas de mala muerte que frecuentan estos tipos, y a vivir, que son dos días. Igual hasta te envían algo por Navidad: total, es a cargo del presupuesto, ¿verdad?

Lo que no entiendo es su estupor. ¿No será envidia? ¿A qué colegio ha ido usted? ¡A ver si va a ser eso!: si hubiera ido a colegios como Dios manda, tendría muchos amigos generosos (con el dinero público). Seguro que entonces no se quejaba tanto ni hacía semejante demagogia. Porque oponerse a la amistad, ese sentimiento tan noble, tiene que ser demagogia: si no, no me lo explico.