Son como críos

Escuchando y leyendo estos días la interpretación que la mayor parte de las cadenas de televisión, emisoras de radio y periódicos de tirada nacional han hecho del referéndum convocado por Hugo Chávez en Venezuela, cualquiera apostaría a que la pregunta ganadora debió ser algo así: ¿aprueba usted que Hugo Chávez, y sólo él, pueda ser elegido presidente de Venezuela hasta el fin de los tiempos? Sino, no se explica.

 

ENRIQUE CHICOTE SERNA ARGANDA DEL REY (MADRID)

Los opositores a Chávez también pueden ser reelegidos, me parece, pero eso no tiene tanta importancia porque los venezolanos, en su infantilismo, tienen la fea manía de votar a Chávez. ¡Como si nosotros no supiéramos mejor que ellos lo que tiene que votar ese hatajo de indios y desarrapados! Por otra parte, en España tenemos un jefe de Estado vitalicio y al que no podemos elegir, y un jefe de Gobierno que puede presentarse a reelección cuantas veces le dé la gana. Un tal Chaves, en Andalucía, lleva la friolera de 20 años y creo que pronto aparecerá de perfil en los sellos de correos, vestido de rey de baraja.

La democracia (que estamos dispuestos a consentir) en Latinoamérica son tipos como Uribe, ese campeón de los derechos humanos. La democracia (que podemos tolerar) en Venezuela son tipos como Carlos Andrés Pérez, ese hombre tan honrado como Bruto, incapaz de malversar un céntimo de dinero público.

El problema no es Chávez, son los venezolanos. ¿Qué les sucede a esos individuos? ¿No tienen sentido común? ¿Por qué le votan, cuando desde aquí, tanto en la prensa como en Repsol, ya les hemos advertido que no les conviene? La democracia consiste en que los explotados hagan lo que quieren los explotadores, pero que lo hagan por su propia voluntad. Hay gente, como los venezolanos o los palestinos, a los que eso no les entra en sus diminutas cabezas reducidas por los jíbaros, y van y votan a Chávez o a Hamás. ¿Qué podemos hacer con esas poblaciones tan irresponsables que votan a quien les da la gana? Como diría el Caudillo (o Javier Solana), todavía no están maduros para la democracia (tal y como la entendemos los que de verdad sabemos), así que no nos dejan muchas soluciones: o los invadimos (mediante la colonización a cargo de filantrópicas empresas europeas y elecciones libres, es decir, donde ganen los buenos), o los bombardeamos en defensa propia (como hace Israel). Pero una de dos, porque son muy cabezotas, como los niños pequeños.