Danzad, malditos

Los españoles presenciamos uno de los más vergonzosos incidentes en la vida parlamentaria y de nuestra democracia: el espectáculo de unos parlamentarios puestos en pie aclamando a un ministro de Justicia a gritos de “torero, torero” por negarse a dar explicaciones y dimitir por haber utilizado bienes públicos en su propio beneficio, cazando en parques del Estado gratis junto al fiscal y jefe de Policía. Nos retrotraen a las épocas más oscuras de la dictadura y de la corrupción política en nuestro país. El Gobierno socialista, el central y el autonómico, tiene que actuar de inmediato, no puede ser cómplice de las irregulares conductas de su ministro si no quiere verse atrapado en el escándalo.

 

JUAN ANTONIO DEL CERRO LEÓN BARCELONA

Y sin licencia de caza, se ha olvidado el pequeño detalle. A mí estos sedicentes socialistas de cinco estrellas gratis total no me recuerdan a la Dictadura, sino más bien me recuerdan a sí mismos. En otros tiempos, esta actitud del PSOE se llamó “prepotencia”. Prepotente es, según la Moliner, el que “abusa de su poder o presume de él”. Usted recordará (o no) los restaurantes de lujo, las visas oro, los trajes de buen paño, los aviones militares para ir a los toros y, como es natural, todo lo que había debajo (y lo sostenía): la corrupción a gran escala y los asesinatos de Estado (o simple defensa del Estado de Derecho en las alcantarillas, como decía el gran teórico del gato negro o gato blanco). O sea, un asco.

Lo más grave es que no se puede decir nada. La respuesta es un disco rayado que sólo tiene dos caras. La cara A es el legendario bailable del patio del colegio “¡Pues anda que tú!”. O sea: el PP es peor, esos sí que son corruptos, malvados y prepotentes, etc. El estribillo de la canción, que ya ha empezado a tararear la vicepresidenta, es pegadizo: vale, pero como venga la derecha os va a quitar todo, queridas mujeres, os van a atar a la pata de la cama los fachas, ¡que viene el coco! A los que detestamos al PP, nos ponen la cara B del mismo disco, con la famosa milonga “¿Pero tú no te das cuenta de que le estás siguiendo el juego a la derecha?”. La cantan a la guitarra y con coros angelicales que repiten: si todo esto no es más que un montaje, no seas ingenuo, fíjate en lo importante, no en esta bobada.

No sé usted, pero a mí ya me duelen los oídos de ese disco rayado. Ni una cara ni la otra: yo no quiero bailar al son que tocan. Quiero cambiar de disco.