¿Quién da más?

Que un individuo como Luis Herrero vaya a Venezuela a perjudicar a la diplomacia de España, insultando al presidente de aquel país. Que por la cadena pontificia, en comandita con el talibán turolense, insulte a un magistrado de la Audiencia Nacional, dañando gravemente la honorabilidad de la judicatura. Que este individuo pueda seguir representando a nuestro país en Europa, es algo que a los españoles nos llena de oprobio. Soportar su presencia es mortificante para cualquier demócrata. Si España se llamara Alemania, este mimado ciudadano estaría desde hace 30 años en Argentina o Chile vendiendo castañas o ejerciendo algún oficio de parecida enjundia. Pero aquí se construyó la democracia sobre los infames cimientos del franquismo. Si no queremos morir de vergüenza, algo habrá que hacer con personajes de este jaez.

 

MARIO LÓPEZ SELLÉS MADRID

Algo habrá que hacer con personajes de este jaez”, afirma, quizá amenazador. ¡Barástolis! ¿Qué se propone? ¿Fusilarle al amanecer? ¿Deportarle (vestido, no sé por qué, de castañera)? ¿Untarle de brea y pegarle plumas de ganso por todo el cuerpo? Le confesaré que, hasta su campanada venezolana, no tenía ni idea de quién pudiera ser ese tipo. No obstante, llevo una existencia apacible y feliz, así que considero que es posible la solución que propongo: no le haga ni puñetero caso.

Cuando Freud conoció a Dalí comentó: qué fanático, cómo se nota que es español. A mí me parece que no hay por qué ni para qué rasgarse las vestiduras, retorcerse los cabellos y desgañitarse por todo. Ese individuo no ha dañado jamás ni grave ni levemente “la honorabilidad de la judicatura”, hombre, por Dios. Yo, que me considero “ciudadano decente” (aunque no muy demócrata), no me siento “mortificado” ni “lleno de oprobio” por la existencia de un periodista cenutrio de más o de menos. Cuando este tal Herrero ha hecho el idiota en Venezuela, le expulsaron y Santas Pascuas. Todo lo demás es sacar las cosas de quicio y, sobre todo, regalarle el protagonismo que andaba mendigando.

Como soy lingüista de formación, ya he aprendido a detectar el fanatismo. En cuanto empezamos a usar recio castellano esmaltado de expresiones como “jaez”, “enjundia”, “impeler”, “oprobio”, etc., deberíamos ponernos en guardia: ¡estamos poseídos, como la niña de El Exorcista! Si nos ponemos así, al final acabaremos siendo digna pareja de baile para tipos como Herrero.