No hay quien pueda

A la izquierda abertzale se le ha ilegalizado aplicando la Ley de Partidos Políticos. ¿La política debe tener en cuenta la realidad? Supongo que sí. ¿Puede una ley negar la evidencia? Supongo que no, pero eso es lo que ha hecho la ley que ha expulsado de la democracia a D3M. Más allá de evitar el concurso de candidatos próximos a ETA, la ilegalización de esta candidatura ha supuesto un dramático falseamiento de la realidad política vasca. La ilegalización de D3M niega el hecho de que en Euskadi existe una mayoría sociológica soberanista. En una democracia cabe casi todo menos, entre otras pocas cosas, usurpar a un pueblo su identidad, condición o voluntad política. Podrá resultarnos odioso que alguien no condene los crímenes de ETA, pero aún es peor negarle su inviolable derecho a participar en actos democráticos. Un Gobierno antinacionalista no parece la solución más indicada para un pueblo. Máxime cuando si puede llegar a gobernar es por dejar fuera de la ley a un grupo soberanista.

MARIO LÓPEZ SELLÉS MADRID

En Argelia, en Palestina o en el País Vasco, la voluntad popular tiene límites claros: sólo vale si coincide con la voluntad de quienes mandan en Washington, Tel Aviv o Madrid. La portada de Público decía el lunes: “El PSOE gobernará Euskadi”. ¡Carambolas!, pensé: o sea, que habrá ganado el PSOE. Qué va, hombre: había ganado el PNV, que es el partido más votado. Sin embargo, según seguí leyendo, de lo que al parecer se trata es de que gobierne en el País Vasco cualquiera, con tal de que no sea nacionalista, a cualquier precio, con el PSOE del bracete del PP, de Rosa Díez o de un señor que
pasaba por allí.

Puede que los vascos sean en su mayoría nacionalistas, yo no tengo ni idea; pero ¿qué importa lo que quieran los vascos? No es tan difícil de entender, pero mira que son testarudos. Ya podemos ilegalizar partidos, cerrar periódicos, montar macroprocesos, impedir consultas, llevar a cabo un auténtico acoso y derribo del nacionalismo: esos cabezotas no se dan por enterados. Ya podemos llamar “entorno” de ETA a todo lo que tenga aspecto nacionalista; y llamar “bloque constitucional” a todo lo que sea antinacionalista. No se enteran: siguen erre que erre.

Menuda tropa, con esta gente no hay quien pueda. Ha costado esfuerzo, pero por primera vez tras el franquismo vamos a conseguir fabricar una “voluntad popular” que sea políticamente correcta, es decir: no nacionalista. ¡Buen trabajo!