Sofismas de los caros

Un diario madrileño anuncia en grandes titulares: “Las menores podrán abortar, pero no comprar tabaco”. También podría haber titulado: “Las menores no estarán obligadas a ser madres, como ya se les protege de una droga muy adictiva y dañina”. ¿Qué titular está más cercano a la verdad? ¿Cuál escogerían los que se preocupan de las menores y cuál los que las sacrifican a sus intereses económicos o ideológicos, manipulando a la opinión pública?

VERÓNICA CASTRO MULDER MADRID

Pues, mujer, yo diría que el primero. Está más cercano a la verdad sintáctica, porque el otro, al menos yo, ni siquiera lo entiendo. ¿“No estarán obligadas” quiere decir que hasta ahora lo estaban? Y ese “como” no sé si tiene valor causal (no tendrán que ser madres puesto que se las protege de otra cosa) o de modo (de la misma manera que ya se las protege de otra cosa) o vaya usted a saber (¿quizá ser madre sea adictivo o dañino?). La sintaxis es una facultad del alma, como decía Barthes, y mi alma (no tan cándida) desconfía de una oración subordinada que ni siquiera entiende del todo.

El primer titular (que usó el ABC) es verdadero, aunque tenga un ánimo panfletario provocante a risa. El segundo tiene el (pequeño) inconveniente de ser falso (además de incomprensible). Decir que, si se impide abortar, se obliga a las menores (¡a todas las menores, además!) a ser madres es una sandez supersónica. Ambos, por otro lado, escamotean el meollo del asunto, ¿no le parece?: la autorización paterna. Como usted sabe, la ley exige permiso paterno para que los menores puedan hacerse un tatuaje, por ejemplo. Podemos discutir, sin duda, si hay razón para limitar la capacidad de obrar de los menores. Ahora bien, si aceptamos esa premisa, a mí no me parece tan descabellado que nos preguntemos con qué criterio y a qué acciones imponemos esa limitación.

Yo soy partidario de la legalización del aborto, tengo un interés limitado (y muy casto) en las menores, pero estoy en contra de su sacrificio (y del de los adultos también), tanto a intereses económicos o a ideas como a esos avarientos dioses que reclaman sacrificios humanos. Sin embargo, aunque soy por inclinación y oficio un sofista, todavía estoy más en contra del sofismo de segunda división, que siempre acaba teniendo como víctima a su propia herramienta, el lenguaje. Si vamos a intercambiar sofismas, por lo menos que no sean baratos: que nos den jamón ibérico en lugar de chóped.