Bobo y solemne

Después de años denunciando la explosión de la burbuja que se nos venía encima, las asociaciones sociales asistimos indignadas al panorama de miles de esqueletos de ladrillo abandonados que formarán parte del paisaje de este país de nuevos ricos para siempre. Es el momento de demandar un parque público de viviendas en alquiler a precios dignos y de obligar a propietarios especuladores a que abran sus millones de casas cerradas. En este país, donde se ha menospreciado la cultura del alquiler, en contraposición al resto de Europa, no podemos permitir esta vergüenza de mantener tres viviendas vacías por habitante: es intolerable e indecente. De nuevo tendremos que ser las asociaciones civiles las que nos movilicemos ante una clase política vergonzosa.

PATRICIA CORRAL MOIRÓN SAN FERNANDO (CÁDIZ)

En general estoy de acuerdo con usted, pero no creo que seamos niños pequeños. No podemos decirles a los mayores que nos dejen ver la tele y luego, cuando nos suspenden, echarles a ellos la culpa, porque nos dejaron ver la tele en lugar de ponernos a estudiar. Sin duda la conducta de los mayores es “intolerable e indecente”, pero nosotros tampoco somos niños, así que alguna parte nos toca de esa indecencia difícil de tolerar, ¿no cree?

Cuando usted dice “en este país donde se ha menospreciado la cultura del alquiler”, ¿a quién se refiere? Vivo en un piso alquilado y le aseguro que no hay semana que alguien no me diga que estoy haciendo el tonto, que debería comprar y así, pagando un poco más cada mes, por lo menos tendría algo mío. Esta concupiscencia adquisitiva, esta pasión por la propiedad, no la veo sólo en políticos, sino también en esa gente corriente a la que usted quiere movilizar ahora. Esa misma gente a la que jamás oí protestar de la burbuja inmobiliaria cuando querían vender su piso. Al comprar, sí, pero sólo al comprar. Al contrario, cuando vendían, pedían por él un precio de escándalo y, si cuela, cuela.

¿Cultura del alquiler? Es posible, pero me parece que se trata sin más de la cultura de la propiedad privada. ¿Cuánta gente va a las bibliotecas públicas, cuánta no tiene su propio coche, cuánta lleva a sus hijos a un colegio público? Mi casa es cómoda, pero me siguen diciendo que hago el tonto, porque no es mía. Si respondo que da igual, porque (según los clásicos) sólo se posee de verdad lo que no se puede perder en un naufragio, se convencen: tonto con ventanas a la calle y, además, ¡bobo solemne!