Siento insistir

La contestación a la carta de José María Grandas Menéndez me ha dejado con mal sabor de boca. Usted da por verdadera la declaración del asesino. ¿Dónde están las declaraciones de testigos directos que avalen dicha declaración? De ninguna de las maneras acepto imposiciones para mantener relaciones sexuales y menos con un cuchillo en la mano, pero ¿acaso es verdad que fue así? Supongamos que fue así (que ya es suponer) y se defendió asestándole innumerables puñaladas, ¿también era un peligro para su hombría el hombre encerrado en la habitación? Rafael Reig, le veo el plumero y no me gusta su plumero.

JOSÉ CARABANTES LANZA MADRID

No conozco la sentencia, sólo utilizo la información del periódico (igual que usted, imagino). Según Público (4 de marzo): la sentencia afirma que el asesino “actuó en legítima defensa y por miedo insuperable, después de que Julio lo amenazara con un cuchillo para mantener relaciones sexuales”. ¿Que cómo se puede llegar a saber eso, si no había nadie más presente? Mire usted, me imagino que de la misma forma que, aunque no había nadie más presente, se puede llegar a establecer que Julio fue el asesino. ¿O dan crédito a su declaración y sólo le condenan porque él dice que es el asesino? En cuanto a la segunda víctima, según el periódico, la sentencia aprecia que actuó en estado de pánico. Por otra parte, también informa la prensa de que el asesino tenía una “inteligencia límite”. ¿Mienten los periódicos? Es posible, pero a mí no me eche la culpa.

Con esos datos, insisto en que no se debe realizar un juicio paralelo en la prensa, con versiones de patio de colegio. Está visto que es demasiado pedir: la ley de Lynch es mucho más satisfactoria e impide que a uno le tachen de homófobo y de que se le ve el plumero.

Le propongo un ejercicio muy sencillo. Cuéntese el mismo caso cambiando un solo dato: el sexo del asesino. Una chica con “inteligencia límite”, drogada y borracha, va a casa de dos tíos. Los tíos la intentan violar a punta de navaja. La chica entra en pánico, teme ser violada y también por su vida. Apuñala a los tíos, enloquecida. Luego intenta borrar las huellas. La condenan (como a este señor) a 20 años de cárcel. Con sinceridad, ¿pediría usted más? ¿Pondría en duda que tuviera miedo a ser violada? ¿Haría chistes sobre el peligro para su virginidad? ¿Acusaría al jurado de feminismo y odio a los hombres? ¿Le parecería un escándalo? Pues mírese al espejo.