La paella auténtica

Se ha vuelto a ver en la promoción de la última película de Pedro Almodóvar, ‘Los abrazos rotos’, que la extraordinaria actriz Blanca Portillo ha sido relegada por los focos y el interés de los periodistas. La protagonista de obras de teatro magistrales como ‘Barroco’ y ‘Hamlet’ ha sido ignorada, quizá para bien, por unos periodistas cuyo único objetivo es “la actriz del momento”. Tanto Portillo como el resto del reparto están a la sombra de la arrolladora personalidad de Almodóvar, lógico protagonista de la promoción de su película… y de su musa, a la que espero sentado para ver subida en las tablas de un teatro, donde los actores/actrices demuestran que lo son.

IGNACIO CABALLERO BOTICA MADRID

Los verdaderos actores son los de teatro? No me lo trago. Queda bien decirlo y es una superstición muy extendida, un dogma de fe que no necesita (ni admite) explicación. Vamos a ver: los escritores sólo “demuestran que lo son” en el soneto, todo aquel que no se ha atrevido con endecasílabos no es un escritor, los tipos que sólo escriben en prosa, acabando todos los renglones, son unos escritores momentáneos, prescindibles, productos comerciales sin interés. ¿A que le suena a tontería mayúscula? ¿Cervantes acaso “demostró lo que era” en sus flojísimos poemas? ¿Galdós y Dickens son escritores de pacotilla?

Los verdaderos médicos sólo son los de Urgencias, nadie es un auténtico periodista si no ha estado unos años en Sucesos, los únicos pilotos son los de aviones de hélice, el que no ha seducido a una monja no sabe una palabra de mujeres, un cocinero lo tiene que “demostrar” haciendo unos huevos fritos, un violinista da su medida sólo cuando toca la zambomba, los celos “demuestran” el amor verdadero, un militar español sólo es el que ha estado en África (como decía el Caudillo), etc. Lo que disfrutaría Flaubert. Sí, hombre sí, y la auténtica paella trascendental jamás llevaría pimientos rojos: ¡pecado! Absit hic error. ¡Lejos de nosotros semejante error!

A mí me parece que todo esto, como diría Fortunata, no son más que teologías. Qué sed de autenticidad. Qué hambre de trascendencia. Qué lujuria insaciable por los catecismos llenos de verdades como puños. Ser ateo no es tan fácil: en algo hay que creer, ¿verdad?