Y dos orejas

En un momento en el que la mayoría de los ciudadanos catalanes se declara en contra de las corridas, algunos periodistas, locutores de radio, artistas y presentadores de programas de televisión se posicionan a favor de ellas. Lo hacen con la boca pequeña y haciendo un esfuerzo para encontrar su supuesta parte artística. Dudo que muchos de ellos asistan a las corridas o sean capaces de llevar a sus hijos a ellas. Parece más bien una moda para distinguirse del pueblo llano, como si ser amante de las corridas les proporcionara ‘glamour’ y un sello de distinción. Celebro, por otra parte, que personas conocidas y representantes del mundo artístico e intelectual catalán se hayan declarado abiertamente en contra, consecuentes con su sentir, y que no se dejen arrastrar por esta oleada elitista a favor de un espectáculo bárbaro, cruel y anacrónico.

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Olé! ¡Así se razona! Hace unos años un amigo estrenó una película. Le preguntamos qué tal la había recibido la crítica. “Hubo división de opiniones”, nos contestó sin mover un músculo: “A unos les ha entusiasmado. Hay otros, en cambio, que no la han entendido”. Imagínese la carcajada que soltamos.

Pues ídem de lienzo. Vamos a ver: a usted no le gustan los toros. Perfecto. Unos tipos dicen que sí les gustan. Usted deduce que lo dicen con la boca chica, que ni siquiera van a corridas, y que hacen estas afirmaciones sólo para darse importancia. Otros tipos, en cambio, dicen que, como a usted, a ellos nos les gustan. Usted deduce que estos sí que son “consecuentes con su sentir” y personas con criterio independiente y ajeno a las modas.

¡Olé, señora! Eso sí que es argumentar. El que dice lo mismo que yo habla de todo corazón y es un tío la mar de salado y más listo que el hambre. El que dice algo con lo que no estoy de acuerdo es un mequetrefe que ni siquiera dice lo que piensa, sólo actúa así para presumir, o quizá es que es tan menguado que se deja arrastrar por una moda elitista. Formidable: lo siguiente ¿qué es? ¿Una pedrada al que no esté de acuerdo? No sé si los toros serán un espectáculo bárbaro, pero su modo de argumentar sí parece bárbaro y primitivo, casi cavernícola. Ovación y vuelta al ruedo, señora.