Nuestro folclore

Los responsables políticos catalanes van a decidir sobre la actuación de su propia Policía en la noche de las porras largas. Ya tenemos una idea de lo que será la sesión informativa: los 30 periodistas heridos (tal vez todos por el martillo que aparece en el suelo) no estaban debidamente identificados. Se les reprocha también que ejercieran su trabajo en las zonas de enfrentamiento (¿dónde si no deben estar?). En cuanto al niño, según se adelanta en el informe, se habría dado de cabeza contra un farol: ya se sabe que los niños de diez años, cuando se ven en un tumulto, lo primero que hacen es darse de cabeza contra el primer farol que encuentran. Vaya, todo un informe para depurar responsabilidades sobre la carga policial. ¿A que al final va a ser el farol el responsable de todo?

JORDI S. BERENGUER BARCELONA

Parece que van a cesar a Rafael Olmos, director general de la Policía catalana, en vista de que no lograba dimitir (quizá aún lo haga, para salvar la cara). Hace años recuerdo a una política a la que unos, muy malvados, le pedían que dimitiera y ella se negaba. Deje ya el sillón, decían. “No puc, m’ha fet ventosa la figa”, es fama que respondió. Ya que no el higo, a este señor alguna otra cosa le habrá hecho palanca (en lugar de ventosa) sujetándole contra su voluntad a la silla.

Con esta víctima propiciatoria calmarán la ira de los muy malvados (nosotros, los que protestamos por la violencia policial), como quien le arroja un tasajo a la jauría, y así Saura y Montilla se quedarán tan panchos. Puede que prometan no volverlo a hacer ya nunca más y a lo mejor hasta improvisan unas normas
chiripitifláuticas que garanticen la bondad policial.

Y fin de la historia, tiene razón: va a ser el farol. Este país ya sabemos que está repleto de políticos que detestan el poder, de obreros voladores que siempre reciben los disparos al aire, de niños traviesos que hacen impacto ellos solos contra farolas, de periodistas tan vanidosos que se aporrean a sí mismos sólo para darse importancia y, sobre todo, de malos estudiantes, esos repetidores desinformados que se oponen al Plan Bolonia sólo porque saben que, como mejorará tanto la calidad de la enseñanza, ellos jamás
conseguirán aprobar.