Nuestros Guántanamos

El mundo está de enhorabuena por el cierre de Guantánamo. Muchos éramos los que esperábamos con impaciencia la liberación o sometimiento a un juicio justo de centenares de hombres que fueron encerrados sin las más mínimas garantías legales. Tras el anuncio del cierre, cerca de 60 no pueden volver a sus países de origen. Serían encarcelados o algo peor a causa de su condición de ex convictos de esa prisión. Qué gran ocasión para tenderles una mano, para sentirnos orgullosos de acoger a algunos de ellos en nuestro país. Qué estupenda oportunidad de mejorar relaciones con la nación más poderosa del mundo, esta vez basadas en el respeto a los derechos humanos. Confío en que ciudadanos, poderes públicos y fuerzas sociales lo sepamos ver. Que abramos la puerta que les han cerrado durante demasiado tiempo. Espero que no haya discusión. No en este tema.

GONZALO GÓMEZ ÁLVAREZ SEVILLA

Vale, pero ¿y aquí? Como sabe, en nuestro país hay también centenares de personas encerradas sin las más mínimas garantías legales. Están en campos de concentración que ni siquiera se rigen por el reglamento penitenciario, por completo a merced de la Policía. Como sin duda también sabe, a menudo no dejan entrar ni a la Cruz Roja ni, por supuesto, a organizaciones humanitarias. No han cometido ningún delito, sólo una falta administrativa: cruzar una frontera sin documentación.

Me parece estupendo que acojamos a esos 60 desventurados, pero también me gustaría pedir algo de ayuda humanitaria para los inmigrantes en España. También siento la misma impaciencia. Sintámonos orgullosos de acogerles y, si hay “efecto llamada” o “avalancha”, que lo haya: confío en que “abramos la puerta que les hemos cerrado durante demasiado tiempo”. Y también “espero que no haya discusión. No en este tema”.

¿Globalización? ¿Libre circulación de capitales? A mí al menos me produce vergüenza que las empresas españolas se lo lleven crudo en países a cuyos nacionales ni siquiera les dejamos atravesar la frontera ni trabajar aquí legalmente. Imagino que a usted le pasa lo mismo cuando oye hablar de la fábrica de Rianxeira en El Aaiun o de los negocios internacionales de Telefónica o del Banco de Santander, ¿verdad?