¿Opción B?

Alabado hasta por la “cúpula” que lo popularizó, nuevamente Miquel Barceló es motivo de atención mediática, ya que ha sido nombrado a dedo como el único representante de España en la 53ª Bienal de Venecia. Nombrar a dedo fue habitual en el pasado, y así Chillida y Tàpies fueron catapultados a la fama. La “fama” es un tanto dudosa cuando viene acompañada del constante socorro económico de las instituciones públicas. La exposición itinerante de Sorolla conlleva entusiastas admiraciones, sin que el citado artista tuviera que recurrir al apoyo de las instituciones públicas para desarrollar su carrera, lo cual contrasta con los “artistas oficiales” citados, que reciben aplausos de la crítica “especializada” pero que no acaban de encajar en la sociedad de nuestro tiempo.

JORDI PAUSAS PARÍS

No entiendo ni patata de pintura. Con decir que las cosas de Barceló a menudo me parecen apropiadas como estampado para las cortinas de la ducha. Al Museo Sorolla, en cambio, voy desde pequeño y hace años que ya llevo a mi hija. Le entusiasma, por cierto, como a mí.

El arte funciona gracias a un núcleo de mandarines que adjudican valor a unos y se lo niegan a otros. Si se les piden explicaciones, responden con zarandajas esotéricas, condescendencia y cerrado espíritu de cuerpo: la gente corriente, la masa (en rebelión) no estamos a la altura del arte moderno, nos falta sensibilidad y educación.

Como decía Ortega, ser impopular es el “destino esencial” de un arte que “divide al público entre dos clases de hombres: los que lo entienden y los que no lo entienden”. Es arte para los selectos, una “sensibilidad dominada por un asco a lo humano”, una pintura ante la que la masa “cocea y no entiende”. Para mí, La deshumanización del arte (1925) aún explica bien este arte deportivo. “El triunfo del deporte significa la victoria de los valores de la juventud”, y por eso “no hay duda: entra Europa en una etapa de puerilidad”, “un tiempo de varonía y juventud”, es decir: el fascismo. Ortega aseguraba que, ante estos artistas, “cabe hacer una de dos cosas: o fusilarlos o esforzarse en comprenderlos. Yo he optado resueltamente por esta segunda operación”. Yo aún dudo.